Pensar el mundo a través de las Escrituras...

sábado, 18 de marzo de 2017

La disciplina del matrimonio

La disciplina del matrimonio

Hoy en día existe la tendencia a decir que el matrimonio está enfrentando una crisis profunda. En EE.UU en los últimos 40 años la tasa de divorciados se ha duplicado y solo la mitad de la población contrae matrimonio. El matrimonio es concebido como un contrato entre dos personas para satisfacción y potenciación a título individual[1]. Por tanto el matrimonio ya no es visto como un pacto delante de Dios o de la comunidad como se veía en el pasado, sino que es simplemente una relación donde pueda satisfacer todas mis necesidades y gustos personales.

En el caso de Chile, en el pasado fue un país conservador que se mantuvo con tasas muy bajas de convivencia pero en los últimos años ha aumentado considerablemente.  Según el cuadernillo de IES “Vivir juntos, reflexión sobre la convivencia en Chile[2]” Tenemos 2 millones de personas que cohabitan y 5 millones personas casadas. La cifra de la convivencia entre la juventud va aumentando rápidamente.

Ante todo estos datos podríamos rápidamente concluir que la frase “el matrimonio está en crisis” es totalmente cierta. Pero la pregunta que podríamos formularnos es ¿Acaso el matrimonio no ha estado en “crisis” en otras épocas? La historiadora Stephanie Coontz ha escrito un libro llamado “La historia del matrimonio”[3] en donde desarrolla una tesis en la cual argumenta que a través de la historia han existido diversos tipos de matrimonios y que por tanto el matrimonio siempre ha estado en crisis. Esto es de alguna manera cierto, aunque no de la misma manera en la cual Coontz lo plantea.

Cuando revisamos las Escrituras podemos ver que Dios creó a Adán y Eva para que vivieran juntos en matrimonio en el jardín del Edén (Gen 2:21-25) Pero debido a la caída el pecado entro en el mundo y por ende en el matrimonio (Gen 3:16-20) Es por eso que vemos en la narrativa bíblica matrimonios pecaminosos que Dios permitió (Gen 16:1-16), pero no aprobó. Esto lo sabemos porque cuando había otra “crisis” en la época de Jesús respecto al divorcio, Cristo aclaro que el divorcio fue permitido por la “dureza de los corazones” y no porque fuera el propósito original de Dios (Mt 19:1-9)

En base a las palabras de Jesús, me permito concluir que el matrimonio siempre ha estado en crisis. Esto es porque vivimos en un mundo caído. Creo que el matrimonio en estos 2.000 años en Occidente fue visto como algo estable y respetable por la influencia del cristianismo.  Pero ahora que se está abandonando su influencia judeocristiana, simplemente se está volviendo a paganizar el matrimonio.

Como hombres cristianos no debemos sentirnos presionados por toda crisis que existe en el mundo, pues la filosofía del mundo siempre trae confusión, sino que debemos aprender a través de las Escrituras cual es el rol bíblico del hombre. Lamentablemente aun en la iglesia evangélica actual no parece haber claridad respecto al “rol bíblico del hombre”. Por ejemplo hay un interesante artículo llamado “Hombres amanerados en el pulpito”[4] en el cual se muestra como se ha feminizado el ministerio de la palabra:


Una de las primeras señales del juicio de Dios en una cultura es la confusión de los papeles de género (Rom. 1:26ss). Los hombres ya no actúan como hombres. A medida que se tornan más auto-conscientes de su rebelión, la imagen de Dios en ellos se hace más torcida y distorsionada. Por lo tanto, mientras más se acomoda una Iglesia a las normas culturales es menos probable que los hombres en esa iglesia sean capaces de resistir la presión de conformarse a las normas culturales (e.g., Rom. 12:2). Como resultado, en lugar de que los hombres proclamen la ley y los estatutos de nuestro Dios y Rey, tenemos eunucos espirituales, jugando tontos juegos de palabras mientras toda una civilización se hunde en la decadencia. Las iglesias conservadoras insisten correctamente en tener únicamente hombres en el púlpito. ¿Pero qué bien le hace a la iglesia si los hombres en el púlpito piensan, hablan y actúan como mujeres?


¿Cómo resolvemos el problema? Tiene que comenzar con los esposos asumiendo su responsabilidad en el hogar. Y no podrán hacerlo, y no lo harán, a menos que tengan una cosmovisión Bíblica global que lo abarque todo. Es tarea del hombre tomar dominio, y por lo tanto, necesitamos hombres que puedan pensar y actuar bíblicamente. Pero, para ser un líder, tienes que saber hacia dónde estás yendo, y qué es necesario para llegar allí. Si no eres un hombre de la Palabra, entonces no serás el hombre de tu hogar.


Este artículo nos muestra que debido a que se ha descuidado el “rol bíblico del hombre” ahora la filosofía del mundo ha entrado a la iglesia y no se nos ha enseñado cual es el rol de los hombres y debido a eso nos comportamos como mujeres. Entonces ¿Cómo debe ser un hombre casado bíblicamente? Pablo nos escribió sobre eso en Efesios 5:25-33


Efesios 5:25-33

Amar a la esposa como Cristo amo a la iglesia y entregarse por ella (V 25)  En el mundo los hombres no tienen ningún estándar o guía para seguir y evidenciar que son realmente hombres. Pero en el cristianismo tenemos a Jesucristo como Señor y modelo de vida. El fue Dios encarnado, el hombre perfecto. Cuando Pablo habla de que debemos amar nuestra esposa como Cristo amo a la iglesia establece inmediatamente cual es el estándar para nosotros como hombres. Entonces ¿Cómo amo Jesús a su iglesia?

En primer lugar Jesús amo a su esposa la iglesia sometiéndose al Padre (Mt 26.29; Jn 4:34; 6:38; 1 Cor 15:28) por tanto el hombre manifiesta su amor en primer lugar cuando se somete a Dios. Este es el argumento planteado de Pablo sobre la sujeción en el contexto (Efe 5:21) Cristo siendo cabeza de la iglesia no hizo lo que quiso, sino que se sometió al Padre. Por tanto para que como hombres cumplamos realmente nuestro rol de “cabeza” debemos en someternos al padre a su voluntad revelada en su palabra.

En segundo lugar, Cristo siendo cabeza de la iglesia fue un servidor de ella (Mt 20:25-28; Jn 13:13-15) el marido al ser cabeza de la mujer quiere decir que él es servidor de ella. Lamentablemente abundan las ideas equivocadas de ser “cabeza” pues se piensa que es una especie de rey al cual deben servirle en todo ¡Es todo lo contrario! Como hombres estamos llamados a servir a nuestras esposas y así mostrar el amor abnegado que mostro Cristo con su iglesia.

En tercer lugar Jesús amo a su iglesia de forma paciente. Los discípulos del Señor no siempre hicieron lo que él les decía, en ocasiones se mostraban con poca fe (Mt 8:26), no entendían (Mc 8:17) o simplemente discutían por poder (Luc 22:24) pero Jesús tuvo la paciencia para reprenderles y enseñarles en el camino. Jesús sabiendo que los discípulos eran pecadores, tuvo paciencia para con ellos en todo. La situación es más complicada para nosotros porque nosotros somos pecadores, tanto el marido como la esposa. Por tanto en muchas ocasiones el hombre como cabeza de hogar deberá ser paciente.  Debido a que vivimos en una cultura egoísta y feminizada, los hombres de hoy no pueden soportar “un poco de presión” pues explotan inmediatamente y no tienen paciencia con su esposa. Esto manifiesta el poco amor y dominio propio que abunda en los hombres de hoy.

En cuarto lugar Jesús amo a su iglesia hasta la muerte. Jesucristo puso como estándar de su discipulado la negación de sí mismo hasta la muerte (Mt 16:24-25; Mc 8:34-35; Luc 9:23-24) El mismo cumplió esto literalmente por amor a su pueblo (Juan 12:24-26) Cuando los hombres entramos al matrimonio, entramos a un proceso de morir continuamente. Esto no quiere decir que el matrimonio sea terrible, sino que para amar como el Señor nos demanda, debemos morir a nuestros deseos egoístas y amar a nuestras esposas con todo nuestro ser.

Amar a la esposa como Cristo santifica a su iglesia por medio de la palabra de Dios (V 26-27)
Pablo sigue ampliando como se muestra el amor de Cristo por su iglesia y como nosotros como hombres debemos seguirlo. Jesús murió por su iglesia y ahora la esta santificando por medio de su palabra (Juan 17: 17-19) la predicación de la palabra es tan importante porque santifica a su iglesia. Este es el mismo trabajo que el hombre debe hacer, santificar a su esposa por medio de la palabra de Dios.

Entonces, en primer lugar debe santificarse a sí mismo. Cristo era intrínsecamente santo, pero nosotros somos declarados santos por medio de su obra, somos santos por sus meritos. (Rom 5:1) Pero a la vez estamos en el proceso de santificación y como hombres estamos llamados a ser santos (1 Pedro 1:16) Por lo que el llamado como hombres es a la santificación (1 Tes 4:7) Por tanto debemos alejarnos de todo pensamiento pecaminoso (Mt 5:28) de la mujer extraña (Prov 5-7) y que toda conversación pecaminosa que nos contamina (Efe 5:3) y procurar santificarnos cada Dios en toda nuestra manera vivir.

En segundo lugar, para santificar a la esposa con la palabra de Dios, debemos conocer la palabra de Dios. Jesús usaba las Escrituras para combatir a Satanás (Mt 4:1-11) nos mando a escudriñar las Escrituras porque ellas dan testimonio de él (Jn 5:39) y esto es porque ella es la espada del Espíritu (Efe 6:17) Es una pena ver como los hombres de hoy no conocen las Escrituras y en vez de estar enseñando a sus esposas en el hogar, ¡Ellas les están enseñando! Con esto no estamos diciendo que sea malo que una mujer enseñe en cosas a los hombres, pero esa no es la labor principal de la esposa, sino del hombre.
En tercer lugar el debe guiar a su esposa a la santidad. Jesús no solamente conocía las Escrituras, sino que el siendo Dios encarnado las aplicaba de forma sabias. Las Escrituras no es solamente información, sino que ellas nos da dirección para guiar a nuestras esposas por las sendas rectas.

Finalmente este capítulo podemos ver 3 razones más de porque debemos amar a nuestras esposas. La primera razón es que amar a tu esposa es amarte a ti mismo (V28-29) debido a que somos pecadores, vamos a tender amarnos a nosotros mismos de manera natural, por eso Jesús dijo “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22:39) así que de la misma manera en cómo nos amamos a nosotros mismos debemos amar a nuestra esposa. Nuestro principal énfasis no debe ser nuestras necesidades, sino las necesidades de la esposa.

La segunda razón es que debemos amar a la esposa porque es un miembro de Cristo (30) Cuando uno se casa con una hermana en Cristo, debe tener en claro que el Padre de ella es Dios, por tanto es parte del reino de Dios y miembro del cuerpo de Cristo (1 Cor 12:27) ¿Acaso se puede tomar una hermana en Cristo y tratarla de cualquier forma cuando la Biblia nos advierte del trato con uno de los más pequeños? (Mt 18:6; Rom 14)

La tercera razón es que debemos amar a la esposa porque somos una sola carne con ella  (31) Pablo recuerda que cuando uno se une a su mujer es una sola carne (Gen 2:24) por tanto el cuidado, la atención, la dedicación debe ser total, pues no se trata de alguien extraño, sino del ser mas intimo que Dios le ha provisto. ¿Podríamos acaso ser indiferentes con nuestras esposas?

Amar porque es un misterio sublime entre Cristo y la iglesia (V32-33) El matrimonio es un llamado sublime de Dios para los cristianos, no es que el estado “lo legalice” no es que la iglesia lo “bendiga” es que es creación de Dios. Dios es el autor del matrimonio y es tan sublime porque representa algo mucho más profundo de lo que podemos ver o pensar, representa la unión entre Cristo y la Iglesia.







[1] Timothy Keller y Kathy Keller.  El significado del Matrimonio. Editorial Andamio 2014. Página 28-36
[2] http://www.ieschile.cl/libros/vivirjuntos.pdf
[3] https://www.casadellibro.com/libro-historia-del-matrimonio/9788497841214/1091797
[4] http://www.contra-mundum.org/castellano/abshire/Girlie_pulpit.pdf 
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viernes, 20 de enero de 2017

Un llamado a la disciplina de la Mente.

Esta semana estuve preparando un material con el título “disciplina para la mente”. Preparando este material me leí el libro de Neil Postman “Divertirse hasta morir”.[1] Neil Postman es  un sociólogo y critico cultural de los Estados Unidos. El muestra como Norteamérica pasó a ser una cultura de abundantes lectores a obsesivos con la entretención. El principal favor de la búsqueda de entretención es la televisión, por lo que ya no son para nada críticos con el bombardeo de información que reciben cada día en la televisión. Postman argumenta que se paso de una era de la Disertación, donde la personas se alimentaban constantemente de exposiciones de argumentos (por 4 horas aproximadamente) a la era del Espectáculo donde todo debe ser rápido y divertido. Vemos ver algunos ejemplos que nos cita el libro de Postman. Este es un ejemplo sobre Billy Graham:


“No hace mucho, vi a Billy Graham unirse con Shecky Green, Red Burtons, Dionne Warwick, Milton Berle y otros teólogos para rendir homenaje a George Burns, que celebraba su supervivencia de ochenta años en el mundo del espectáculo. El reverendo Graham hizo un intercambio de chistes con Burns sobre cómo prepararse para la eternidad. Si bien la Biblia no lo menciona, el reverendo Graham aseguró a la audiencia que Dios ama a aquellos que hacen reír a la gente.”[2]



Esta breve historia nos ilustra que hasta el reconocido ministro Billy Graham puede caer en la “espíritu de la época” de mostrar lo bueno que es el entretenimiento. El siguiente ejemplo de un sacerdote católico.



“Por ejemplo, en Chicago, un sacerdote católico, el padre Greg Sakowicz, mezcla su enseñanza religiosa con música rock. De acuerdo con la Associated Press, el padre Sakowicz es pastor asociado de la Iglesia del Espíritu Santo, sita en un suburbio de Chicago, y también actúa como pinchadiscos en una radio. En su programa «El viaje hacia el interion>, el padre Sakowicz conversa en tono coloquial sobre temas tales como las relaciones familiares o el compromiso personal, e intercala sus sermones con «el sonido de los diez principales». Él asegura que sus prédicas no se hacen en tono eclesiástico, y agrega: «No es necesario ser aburrido para ser religioso”[3]



El punto del sacerdote es que como se asocia que lo religioso es algo aburrido se le debe dar un poco de entretención, por eso la forma más eficaz de llegar a la cultura es por medio de la entretención. Finalmente Postman hace una observación sobre la relación de la televisión y la religión.


"La primera es que la religión en la televisión, como cualquier
otra cosa, se presenta, sencillamente y sin pedir disculpas, como un
entretenimiento. Todo lo que hace de la religión una actividad profunda y sagrada se deja de lado; no hay ritual, ni dogma, ni tradición, ni teología y, sobre todo, no hay ningún sentido de trascendencia espiritual. En estas audiciones, el predicador es la figura máxima y Dios aparece en segundo lugar.
La segunda conclusión es que este hecho tiene que ver más con
la predisposición de la televisión que con las deficiencias de estos
llamados predicadores electrónicos. Es cierto que algunos de estos
hombres carecen de cultura, son provincianos y fanáticos. Está claro que no se comparan favorablemente con los bien conocidos evangelistas de épocas anteriores, tales corno Jonathan Edwards, George Whitefield y Charles Finney, que eran hombres con una amplia cultura, de teología sutil y de capacidad de exposición muy poderosa. No obstante esto, los predicadores de hoy probablemente no son muy diferentes en sus limitaciones que los anteriores, o que los ministros o rabinos de hoy en día, cuyas actividades están confinadas a las iglesias y sinagogas. Lo que hace de estos predicadores de la televisión los enemigos de la experiencia religiosa, no son tanto sus debilidades, sino las debilidades del medio en el cual trabajan"


Esto muestra que la principal preocupación de estos “predicadores” es la entretención y no la formación. Nuestra cultura está obsesionada con la idea de entretener a las personas, en muchas ocasiones se me ha sugerido como un consejo recomendable que mis predicaciones deben ser “divertidas” porque sino la gente se aburre. ¿Cómo podemos vivir un cristianismo real sino estamos disciplinándonos cada día a través de la Escrituras y de la exposición seria de la Biblia? Parece inconcebible esto a la luz de los mandatos de las Escrituras.
Cuando nosotros conocemos al Señor, “nacemos de nuevo” y somos nueva criatura (2 Cor 5:17) y por tanto ahora tenemos “la mente de Cristo” (1 Cor 2:16)  como cristianos estamos llamados a renovar nuestra mente por medio de la palabra de Dios (Romanos 12:2; Efe 4.23; Col 3:10) tenemos que llevar todo “pensamiento cautivo a la obedicencia de Cristo” (2 Cor 10:5)  estamos llamado a amar a Dios con todo nuestro ser; incluyendo la mente (Mt 22:37)
Harry Blamires es un teólogo anglicano, crítico literario y novelista. El escribió un libro llamado “La mente Cristiana” y el dice lo siguiente:


“Pensar cristianamente es pensar en términos de revelación. Para lo secular, Dios y la teología son el juguete de la mente. Para el cristiano, Dios es real y la teología cristiana describe su verdad revelada a nosotros. Para la mente secular, la religión es esencialmente un asunto teórico. Para la mente cristiana, el cristianismo es un asunto de acciones y hechos. Las acciones y hechos que son la base de nuestra fe están registrados en la Biblia[4]


En otras palabras, pensar bíblicamente es pensar toda la realidad a partir de la revelación especial de Dios. Para eso necesitamos conocer la palabra de Dios. La pregunta simple es ¿Cuánto tiempo dedicamos a conocer la Biblia y ser renovados por ella antes que ser bombardeados por otras filosofías humanas a cada momento por la televisión? No disciplinar nuestra mente a las Escrituras es entregar nuestros pensamientos a “los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanidad de la vida” (1 Jn 2:16)


Lamentablemente al igual que la cultura la iglesia ha sido indisciplinada en este aspecto a tal punto que esto es evidente que las personas no son capaces de leer 1 capítulo de la Biblia cada día, no son capaces de escuchar un sermón de 1 hora “porque es muy largo” y hay varios escritores cristianos que han sacados libros manifestando la crisis en el pensamiento cristiano.  El historiador Mark Noll escribió “El escándalo de la mente cristiana” el escándalo es que “no hay mente cristiana”. Inspirado en este mismo libro John Piper escribió su libro “Piense” el cual dice que lo escribió para “alentar el pensamiento serio, fiel y humilde que lleva al verdadero conocimiento de Dios, lo cual nos conduce a amarlo, rebozando de amor hacia los demás”[5]. El sociólogo cristiano y crítico social llamado Os Guiness también escribió un potente libro criticando el “antiintelectualismo cristiano”.[6]El mismo Harry Blamires escribió esta frase:


“La mente cristiana se ha dejado secularizar en un grado de debilidad y de forma tan despreocupada sin paralelos en la historia cristiana. No es fácil hallar las palabras correctas para expresar la completa pérdida de moral intelectual en la iglesia del siglo veinte. No se puede caracterizar este hecho sin recurrir la un lenguaje que parecerá ser histérica y melodramática. Ya no existe una mente cristiana. Aún hay, ciertamente, una ética cristiana, una práctica cristiana y una espiritualidad cristiana... Pero en la condición de un ser que piensa, el cristiano moderno ya sucumbió a la secularización[7]


El llamado que como cristianos tenemos es a disciplinar tu mente por medio de las Escrituras cada día.  La pregunta no es si lo debes hacer, la pregunta es ¿Cómo lo harás?





[1] https://www.amazon.es/Divertirse-Hasta-Morir-No-ficci%C3%B3n/dp/8479480467
[2] Neil Postman. Divertirse hasta morir. Pág. 9.
[3] Neil Postman. Divertirse hasta morir. Pág. 97.
[4] John Macarthur. Piense conforme a la Biblia. Pág. 41.
[5] http://josuebarrios.com/piense-john-piper-resena/
[6] http://www.tirant.com/libreria/libro/amaras-a-dios-con-toda-tu-mente-9788487940767
[7]  Citado en John Stott. Creer es también pensar. Pág. 11. 
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miércoles, 4 de enero de 2017

Recomiendo Libro: La fe bíblica e histórica del evangelio

Recomiendo: La fe bíblica e histórica del evangelio[1]


Me gustaría recomendar este libro no solamente porque es una defensa bíblica e histórica del evangelio, sino también porque es “un testimonio bíblico de los bautistas sobre la soberanía de Dios en la salvación de los hombres”. La mayoría de los Bautistas chilenos son “arminianos” y lo peor es que ni siquiera saben que significa eso. Cuando uno habla con un “Bautista tradicional” respecto a la historia Bautista, rápidamente se dará cuenta que no conoce la historia de su denominación. Entonces cuando escuchan el concepto “Calvinismo” o “Doctrinas de la Gracia” creen que los Bautistas nada tienen que ver con ello. Pero eso se debe principalmente a la ignorancia que hay sobre su propia historia. Por tanto este libro es una ayuda para que puedan ver como los Bautistas Particulares fueron Calvinistas que defendieron sin temor las Doctrinas de la Gracia.


Este libro comienza dando los nombres de los principales Bautistas Particulares o Calvinistas, algunos de ellos eran: John Bunyan, C.H Spurgeon, John Gill, Andrew Fuller, William Carrey, Adorinam Hudson, Benjamin Keach, J.P. Boyce, J.L Dagg, A.H Strong, A.W Pink, etc. Es interesante que muchas personas hoy en día, admiran algunos de estos autores, pero desconocen que eran Calvinistas. Una vez estaba conversando con un hermano el cual admiraba profundamente a C.H Spurgeon, pero quedo sorprendido cuando le dije que era calvinista. Después de nombrar los principales autores, el libro habla brevemente de las principales Confesiones Bautistas, las cuales eran calvinistas como: la Confesión de Fe Bautista de Londres 1689, la Confesión Bautista de Filadelfia de 1742 y la Confesión de New Hampshire de 1833. Este es otro punto débil de los Bautistas Chilenos contemporáneos, los cuales no conocen ni saben lo que significa ser “confesional”, pero los Bautistas históricamente lo fueron.


Luego el libro define los términos “Calvinista” y “Arminiano” y explica los puntos de cada uno de ellos. Después señala cuales son las diferencias teológicas entre uno y otro, para finalmente mostrar como esto se aplica a la experiencia personal del creyente. Pero lo que me parece más relevante del libro es la defensa que los mismos “Bautistas Particulares” (o Calvinistas) hacen de las mismas Doctrinas de la Gracia.


En primer lugar comienza con James Petrigru Boyce (1827-1888) el cual fue el Fundador y Primer Presidente del Seminario teológico Bautista del Sur (Louisville) y Presidente de la Convención Bautista del Sur (1872-1879). El es considerado como uno de los Teólogos Bautistas más destacados del siglo XIX. Este mismo Seminario hoy en día es dirigido por el reconocido  Albert Mohler. Boyce hace una clara exposición sobre el Calvinismo mediante el mostrar la prueba de los textos y llega a la siguiente conclusión:

“Los textos expuestos en tres categorías anteriores comprueban en forma concluyente, que no es a causa de sus méritos sino a causa del beneplácito de Dios que ciertos hombres son escogidos”[2]


El segundo que nombra es B.H Carroll (1843-1914) el fue Fundador y Primer Presidente del Seminario Teológico Bautista del Suroeste y autor del famoso Comentario Bíblico. El en su comentario al libro de los Hechos, en el capitulo 13:18 observa lo siguiente:

“Cuando yo era joven y no había aceptado la doctrina de la predestinación, quería el que el texto dijera “Y cuantos creyeron fueron ordenados a la vida eterna” tal vez vosotros queráis interpretarlo así… Pero la justificación sucede al momento de creer. A menos que este pasaje diga que “cuantos fueron ordenados para la vida eterna creyeron” haría pedazos la cadena de Pablo. Llegue a la conclusión en su propia mente de una vez que la salvación comienza con Dios no con el hombre”[3]


El tercero que nombra es John Bunyan (1626-1688). El escribió el famoso libro “El progreso del peregrino”, el cual ha sido el libro más vendido en todo el mundo después de la Biblia. Estuvo muchos años encarcelado en la ciudad de Benford por predicar el evangelio. Bunyan dijo sobre el decreto de la elección lo siguiente:

“Creo que este decreto, escogimiento o elección fue antes de la fundación del mundo; y por lo tanto antes de que los propios elegidos tuvieran que ser, porque “Dios que el cual da vida a los muertos y llama a las cosas que no son como si fueran” (Rom 4.14) No espera para que las cosas tengan existencia para determinar su eterno propósito, sino que teniendo todas las cosas presentes para Él y su sabiduría, hizo su escogimiento, antes de que el mundo fuese (Efe 1:4; 2 Tim 1:9)”[4]


El cuarto en nombrar es J.M. Pendleton (1811-1891) el fue un destacado erudito del siglo XIX, autor de varios libros reconocidos como “Manual para las iglesias”, “Compendio de Teología”, “Distintivos y principios Bautistas”. En el punto número 4 de su análisis a la elección él dice:

“Si algunos dicen que la elección de algunos es el rechazo de otros, podemos contestar lo siguiente: rechazo es un término innecesariamente fuerte y es preferible decir que Dios dejo a otros en la condición que estaban. El decreto de la elección les deja donde hubieran estado si no existiera tal cosa como la elección”[5]


El quinto en nombrar es Andrew Fuller (1754-1815) el fue un pastor de Inglaterra, autor del famoso libro “The Gospel Worhty of all Acceptation”. Fundador y director de la Sociedad Bautista Misionera que envió a William Carrey a la India. El hablando sobre la “consistencia de la Elección” dijo:

“La mente carnal puede preguntar ¿Cómo pueden ser posibles estas cosas? ¿Cómo puede la predestinación armonizarse con la responsabilidad humana? Pero un creyente verdadero y humilde al encontrar ambas cosas en la Biblia creerá ambas. Tal creyente encontrara en la predestinación un motivo para depender completamente de Dios, y en la responsabilidad humana una advertencia contra la flojera, la presunción y la negligencia en el deber”[6]


El sexto en nombrar es Charles Haddon Spurgeon (1834-1892) él fue un reconocido pastor del Tabernáculo Metropolitano Bautista de Londres, conocido como el “príncipe de los predicadores” y escritor de varios libros clásicos como “Discurso a mis estudiantes” o “Los tesoros de David”. El responde una antigua pregunta que siempre se les hace a los calvinistas la cual es ¿Si solo algunos son elegidos para que predicamos? El dijo:

“Y si efectivamente yo creyera que no existiera un numero definido de personas que tienen que ser salvas, ya no podría volver a subir al pulpito. Si lograran convencerme una sola vez que nadie está destinado a ser salvo, ya no tendría deseo de predicar”[7]


El séptimo en nombra es J.L Dagg (1794-1884) Es considerado como uno de los teólogos más profundo que tiene la denominación y su libro más famoso es “Manual de Teología”. En este mismo libro él responde a las objeciones más comunes que se le hacen a la doctrina de la elección. Después de responder una por una él dice:

“No contentos con el Dios que la Biblia revela, los hombres se fabrican para sí mismos un Dios más amable según su punto de vista, que el Dios de la Biblia. Si los hombres no se atreven a quitarle su justicia (y así asegurar la salvación de todos) trataran de inventar un método de salvación que les agrade más. Su meta es la de librar a Dios de la responsabilidad de determinar quienes han de ser salvos. Entonces formularan un plan, y fijaran los términos de la salvación con el propósito de hacer que los resultados dependan de las acciones de los hombres”[8]


El octavo que nombra es Arthur W. Pink (1886-1952) fue un pastor y autor de reconocidos libros como “La Soberanía de Dios”, “Los atributos de Dios” y la “Vida de Elías”. El escribe sobre la presciencia de Dios explicando cual es su significa y alcance bíblicos y dice:

“Dios no eligió a ningún pecador porque viera que creería por la razón sencilla pero suficiente de que ningún pecador cree jamás hasta que Dios le da fe, de la misma manera que ningún hombre puede ver antes que Dios le dé la vista”[9]


El noveno que nombra es John Gill (1697-1771) fue pastor de la iglesia que posteriormente iba a pastorear Charles Spurgeon. El escribió un comentario completo de la Biblia en seis grandes tomos. Además escribió una obra de teología llamada “El cuerpo de la divinidad”. El escribiendo sobre los escogidos, redimidos y llamados dijo:

“La elección, redención y el llamamiento pertenecen a las mismas personas. Aquellos que Dios ha escogido en Cristo y redimido, tarde o temprano son llamados; y la razón por la cual son llamados es porque son redimidos “Yo los llamaré con un silbido y los reuniré, porque los he redimido (Zac 10:8)”[10]


El decimo que nombra es J.R Graves (1820-1823) fue un pastor y escritor de varios libros como “el bautismo de Juan” y su libro más famoso fue “El Landmarkismo”. El escribiendo sobre la redención particular concluye:

“Sabemos que arminiano disparara todas sus baterías de rebelión contra la soberanía de Dios en la salvación del hombre e inculpara presuntuosamente a su Creador de parcialidad, y aun de pecado en sus tratos con el hombre. Pero esto no tendrá ningún efecto salvo el de manifestar una rebelión no reprimida de su propio corazón contra el gobierno de Dios”[11]


Es por eso que recomiendo este libro, porque queda en evidencia que los Bautistas no solamente eran Calvinistas, sino que fue la Teología Calvinista la que llevo a los Bautistas a ser “el pueblo del libro”. Los Bautistas de hoy parecen muy preocupados en la “identidad Bautista” y en el “Rol social de la iglesia” pero ninguna de esas cosas funcionan sin tener una teología bíblica e histórica como son las “doctrinas de la gracia o calvinismo”.



[1] https://www.logos.com/es/producto/72586/la-fe-biblica-e-historica-de-los-bautistas-sobre-las-doctrinas-de-la-gracia
[2] La Fe Bíblica e Histórica del Evangelio. Página 26. Editorial Faro de Gracia.
[3] La Fe Bíblica e Histórica del Evangelio. Página 28. Editorial Faro de Gracia.

[4] La Fe Bíblica e Histórica del Evangelio. Página 31. Editorial Faro de Gracia.
[5] La Fe Bíblica e Histórica del Evangelio. Página 34. Editorial Faro de Gracia.

[6] La Fe Bíblica e Histórica del Evangelio. Página 43. Editorial Faro de Gracia.
[7] La Fe Bíblica e Histórica del Evangelio. Página 45. Editorial Faro de Gracia.
[8] La Fe Bíblica e Histórica del Evangelio. Página 53. Editorial Faro de Gracia.

[9] La Fe Bíblica e Histórica del Evangelio. Página 60. Editorial Faro de Gracia.
[10] La Fe Bíblica e Histórica del Evangelio. Página 72. Editorial Faro de Gracia.
[11] La Fe Bíblica e Histórica del Evangelio. Página 45. Editorial Faro de Gracia.

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sábado, 24 de diciembre de 2016

¿Debemos los cristianos celebrar Navidad?

Esa es la pregunta que muchos cristianos se hacen en esta fecha. Los cristianos que argumentan que no, dicen no debemos celebrarla porque Jesús no nació el 25 de diciembre y es una fiesta pagana que tomo la iglesia cuando se unió con el Estado y la “cristianizo”. Esto sin duda es cierto, pero lo preocupante en ese argumento es la visión dualista de las cosas “pagano/cristiano”. Esto sucede en muchas ocasiones cuando se discuten otros temas e inmediatamente se rechaza algo por ser “pagano”. En este caso tendríamos que rechazar muchas otras celebraciones por su origen pagano, como los “cumpleaños”, “música clásica” (o de cualquier tipo) “los templos” y no solo eso, sino que las cosas que Dios uso en la Biblia eran de origen pagano como “la “circuncisión”, “los pactos”, “el bautismo”, si se sigue el argumento hasta el final simplemente llegamos a la conclusión de que “todo es pagano”. En el fondo rechazar a las cosas por su origen pagano, seria simplemente una “falacia genética[1]”. Además me parece a mí, que la idea de “pagano” es una idea tardía del cristianismo, pues antes de eso no existía ese “dualismo” en la visión cristiana[2]. La cosmovisión cristiana se trata de ver en primer lugar a Dios como el creador de todas las cosas. Por tanto para partir en esta discusión deberíamos partir con esta premisa. Entonces ¿Debemos celebrar navidad? Vamos poco a poco viendo el argumento.


Otro argumento para rechazar la navidad es decir que no está mandado en la Escritura hacerlo. Esto es algo a considerar con bastante seriedad para quienes creemos en el “principio regulador del culto cristiano”. Este principio reformado dice que todo lo que ha sido ordenado por Dios para su culto es obligatorio y todo lo que no ha sido ordenado por Dios está prohibido. Esto es algo que lamentablemente muchas iglesias han abandonado. Pero debemos fijarnos en algo importante, esto se refiere al “culto cristiano”, o sea cuando nos reunimos a adorar a Dios el día del Señor, debemos solamente hacer lo que Dios ordena. Por tanto los “cultos de navidad”, “villancicos” y cosas por el estilo no deben hacerse en un culto cristiano del día del Señor, porque no han sido ordenados por el Señor.  Pero si cada cual en su vida personal y familiar considera en su libre conciencia celebrar esta fecha como algo importante, está dentro de la libertad de conciencia hacerlo. Pienso que allí es donde está la confusión respecto a si celebrar o no. Uno puede hacerlo si lo desea en forma personal, pero no debe celebrarse en culto cristiano porque no está mandado. ¿En qué me baso para esto? En que Jesús participo de forma personal en fiestas que no están mandadas por Dios (Por ejemplo Hanuka Jn 10.22-23) y que Pablo argumento que la libertad de conciencia en “días especiales” (Rom 14:5-6)  por tanto creo que es un pecado celebrar la “navidad” en el culto cristiano, pero también creo que un pecado condenar la conciencia de los hermanos que desea celebrar y los que no de manera personal.


Por otro lado, los cristianos que argumentan que deberíamos celebrar navidad, usan argumentos sentimentales como que “es un momento especial en familia” o “que sirve para los niños” Mi pregunta sincera es ¿Acaso no existe otro momento especial en familia en el año donde se comparta con los niños? Otros dicen que “una oportunidad para hablar del Señor” lo cual me parece bien, pero igual me hace pensar seriamente que los cristianos que buscamos evangelizar solo en días especiales ¡Estaremos evangelizando una vez al año! Esto sería realmente grave. Otro problema que surge de esto de “hablar del Señor” es que muchas veces se centra el “hablar” solo del nacimiento de Cristo, pero no se profundiza en doctrinas fundamentales como “la condenación”, “la encarnación de Cristo” “muerte y resurrección”, etc. Hay otros que buscan profundizar un poco más en el porqué debemos celebrar navidad y argumentan que los ángeles y los magos si lo celebraron. Pero esto sería leer mal las Escrituras, pues lo que vemos en ellos es la descripción del suceso del nacimiento de Cristo, pero ninguna parte se nos manda a nosotros a “celebrar el nacimiento de Cristo"


Para concluir simplemente me gustaría entonces responder a la pregunta ¿Deberíamos los cristianos celebrar Navidad? Si con esto se quiere decir en el culto cristiano mi respuesta en no, porque no está mandado. Si con esto se quiere decir personalmente, entonces yo veo que en las Escrituras hay libertad de conciencia. 



[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Falacia_gen%C3%A9tica
[2] http://dle.rae.es/?id=RRmXoF5|RRo9Qqj|RRp8r7M Lo sospecho por el desarrollo de la palabra. 
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