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sábado, 18 de marzo de 2017

La disciplina del matrimonio

La disciplina del matrimonio

Hoy en día existe la tendencia a decir que el matrimonio está enfrentando una crisis profunda. En EE.UU en los últimos 40 años la tasa de divorciados se ha duplicado y solo la mitad de la población contrae matrimonio. El matrimonio es concebido como un contrato entre dos personas para satisfacción y potenciación a título individual[1]. Por tanto el matrimonio ya no es visto como un pacto delante de Dios o de la comunidad como se veía en el pasado, sino que es simplemente una relación donde pueda satisfacer todas mis necesidades y gustos personales.

En el caso de Chile, en el pasado fue un país conservador que se mantuvo con tasas muy bajas de convivencia pero en los últimos años ha aumentado considerablemente.  Según el cuadernillo de IES “Vivir juntos, reflexión sobre la convivencia en Chile[2]” Tenemos 2 millones de personas que cohabitan y 5 millones personas casadas. La cifra de la convivencia entre la juventud va aumentando rápidamente.

Ante todo estos datos podríamos rápidamente concluir que la frase “el matrimonio está en crisis” es totalmente cierta. Pero la pregunta que podríamos formularnos es ¿Acaso el matrimonio no ha estado en “crisis” en otras épocas? La historiadora Stephanie Coontz ha escrito un libro llamado “La historia del matrimonio”[3] en donde desarrolla una tesis en la cual argumenta que a través de la historia han existido diversos tipos de matrimonios y que por tanto el matrimonio siempre ha estado en crisis. Esto es de alguna manera cierto, aunque no de la misma manera en la cual Coontz lo plantea.

Cuando revisamos las Escrituras podemos ver que Dios creó a Adán y Eva para que vivieran juntos en matrimonio en el jardín del Edén (Gen 2:21-25) Pero debido a la caída el pecado entro en el mundo y por ende en el matrimonio (Gen 3:16-20) Es por eso que vemos en la narrativa bíblica matrimonios pecaminosos que Dios permitió (Gen 16:1-16), pero no aprobó. Esto lo sabemos porque cuando había otra “crisis” en la época de Jesús respecto al divorcio, Cristo aclaro que el divorcio fue permitido por la “dureza de los corazones” y no porque fuera el propósito original de Dios (Mt 19:1-9)

En base a las palabras de Jesús, me permito concluir que el matrimonio siempre ha estado en crisis. Esto es porque vivimos en un mundo caído. Creo que el matrimonio en estos 2.000 años en Occidente fue visto como algo estable y respetable por la influencia del cristianismo.  Pero ahora que se está abandonando su influencia judeocristiana, simplemente se está volviendo a paganizar el matrimonio.

Como hombres cristianos no debemos sentirnos presionados por toda crisis que existe en el mundo, pues la filosofía del mundo siempre trae confusión, sino que debemos aprender a través de las Escrituras cual es el rol bíblico del hombre. Lamentablemente aun en la iglesia evangélica actual no parece haber claridad respecto al “rol bíblico del hombre”. Por ejemplo hay un interesante artículo llamado “Hombres amanerados en el pulpito”[4] en el cual se muestra como se ha feminizado el ministerio de la palabra:


Una de las primeras señales del juicio de Dios en una cultura es la confusión de los papeles de género (Rom. 1:26ss). Los hombres ya no actúan como hombres. A medida que se tornan más auto-conscientes de su rebelión, la imagen de Dios en ellos se hace más torcida y distorsionada. Por lo tanto, mientras más se acomoda una Iglesia a las normas culturales es menos probable que los hombres en esa iglesia sean capaces de resistir la presión de conformarse a las normas culturales (e.g., Rom. 12:2). Como resultado, en lugar de que los hombres proclamen la ley y los estatutos de nuestro Dios y Rey, tenemos eunucos espirituales, jugando tontos juegos de palabras mientras toda una civilización se hunde en la decadencia. Las iglesias conservadoras insisten correctamente en tener únicamente hombres en el púlpito. ¿Pero qué bien le hace a la iglesia si los hombres en el púlpito piensan, hablan y actúan como mujeres?


¿Cómo resolvemos el problema? Tiene que comenzar con los esposos asumiendo su responsabilidad en el hogar. Y no podrán hacerlo, y no lo harán, a menos que tengan una cosmovisión Bíblica global que lo abarque todo. Es tarea del hombre tomar dominio, y por lo tanto, necesitamos hombres que puedan pensar y actuar bíblicamente. Pero, para ser un líder, tienes que saber hacia dónde estás yendo, y qué es necesario para llegar allí. Si no eres un hombre de la Palabra, entonces no serás el hombre de tu hogar.


Este artículo nos muestra que debido a que se ha descuidado el “rol bíblico del hombre” ahora la filosofía del mundo ha entrado a la iglesia y no se nos ha enseñado cual es el rol de los hombres y debido a eso nos comportamos como mujeres. Entonces ¿Cómo debe ser un hombre casado bíblicamente? Pablo nos escribió sobre eso en Efesios 5:25-33


Efesios 5:25-33

Amar a la esposa como Cristo amo a la iglesia y entregarse por ella (V 25)  En el mundo los hombres no tienen ningún estándar o guía para seguir y evidenciar que son realmente hombres. Pero en el cristianismo tenemos a Jesucristo como Señor y modelo de vida. El fue Dios encarnado, el hombre perfecto. Cuando Pablo habla de que debemos amar nuestra esposa como Cristo amo a la iglesia establece inmediatamente cual es el estándar para nosotros como hombres. Entonces ¿Cómo amo Jesús a su iglesia?

En primer lugar Jesús amo a su esposa la iglesia sometiéndose al Padre (Mt 26.29; Jn 4:34; 6:38; 1 Cor 15:28) por tanto el hombre manifiesta su amor en primer lugar cuando se somete a Dios. Este es el argumento planteado de Pablo sobre la sujeción en el contexto (Efe 5:21) Cristo siendo cabeza de la iglesia no hizo lo que quiso, sino que se sometió al Padre. Por tanto para que como hombres cumplamos realmente nuestro rol de “cabeza” debemos en someternos al padre a su voluntad revelada en su palabra.

En segundo lugar, Cristo siendo cabeza de la iglesia fue un servidor de ella (Mt 20:25-28; Jn 13:13-15) el marido al ser cabeza de la mujer quiere decir que él es servidor de ella. Lamentablemente abundan las ideas equivocadas de ser “cabeza” pues se piensa que es una especie de rey al cual deben servirle en todo ¡Es todo lo contrario! Como hombres estamos llamados a servir a nuestras esposas y así mostrar el amor abnegado que mostro Cristo con su iglesia.

En tercer lugar Jesús amo a su iglesia de forma paciente. Los discípulos del Señor no siempre hicieron lo que él les decía, en ocasiones se mostraban con poca fe (Mt 8:26), no entendían (Mc 8:17) o simplemente discutían por poder (Luc 22:24) pero Jesús tuvo la paciencia para reprenderles y enseñarles en el camino. Jesús sabiendo que los discípulos eran pecadores, tuvo paciencia para con ellos en todo. La situación es más complicada para nosotros porque nosotros somos pecadores, tanto el marido como la esposa. Por tanto en muchas ocasiones el hombre como cabeza de hogar deberá ser paciente.  Debido a que vivimos en una cultura egoísta y feminizada, los hombres de hoy no pueden soportar “un poco de presión” pues explotan inmediatamente y no tienen paciencia con su esposa. Esto manifiesta el poco amor y dominio propio que abunda en los hombres de hoy.

En cuarto lugar Jesús amo a su iglesia hasta la muerte. Jesucristo puso como estándar de su discipulado la negación de sí mismo hasta la muerte (Mt 16:24-25; Mc 8:34-35; Luc 9:23-24) El mismo cumplió esto literalmente por amor a su pueblo (Juan 12:24-26) Cuando los hombres entramos al matrimonio, entramos a un proceso de morir continuamente. Esto no quiere decir que el matrimonio sea terrible, sino que para amar como el Señor nos demanda, debemos morir a nuestros deseos egoístas y amar a nuestras esposas con todo nuestro ser.

Amar a la esposa como Cristo santifica a su iglesia por medio de la palabra de Dios (V 26-27)
Pablo sigue ampliando como se muestra el amor de Cristo por su iglesia y como nosotros como hombres debemos seguirlo. Jesús murió por su iglesia y ahora la esta santificando por medio de su palabra (Juan 17: 17-19) la predicación de la palabra es tan importante porque santifica a su iglesia. Este es el mismo trabajo que el hombre debe hacer, santificar a su esposa por medio de la palabra de Dios.

Entonces, en primer lugar debe santificarse a sí mismo. Cristo era intrínsecamente santo, pero nosotros somos declarados santos por medio de su obra, somos santos por sus meritos. (Rom 5:1) Pero a la vez estamos en el proceso de santificación y como hombres estamos llamados a ser santos (1 Pedro 1:16) Por lo que el llamado como hombres es a la santificación (1 Tes 4:7) Por tanto debemos alejarnos de todo pensamiento pecaminoso (Mt 5:28) de la mujer extraña (Prov 5-7) y que toda conversación pecaminosa que nos contamina (Efe 5:3) y procurar santificarnos cada Dios en toda nuestra manera vivir.

En segundo lugar, para santificar a la esposa con la palabra de Dios, debemos conocer la palabra de Dios. Jesús usaba las Escrituras para combatir a Satanás (Mt 4:1-11) nos mando a escudriñar las Escrituras porque ellas dan testimonio de él (Jn 5:39) y esto es porque ella es la espada del Espíritu (Efe 6:17) Es una pena ver como los hombres de hoy no conocen las Escrituras y en vez de estar enseñando a sus esposas en el hogar, ¡Ellas les están enseñando! Con esto no estamos diciendo que sea malo que una mujer enseñe en cosas a los hombres, pero esa no es la labor principal de la esposa, sino del hombre.
En tercer lugar el debe guiar a su esposa a la santidad. Jesús no solamente conocía las Escrituras, sino que el siendo Dios encarnado las aplicaba de forma sabias. Las Escrituras no es solamente información, sino que ellas nos da dirección para guiar a nuestras esposas por las sendas rectas.

Finalmente este capítulo podemos ver 3 razones más de porque debemos amar a nuestras esposas. La primera razón es que amar a tu esposa es amarte a ti mismo (V28-29) debido a que somos pecadores, vamos a tender amarnos a nosotros mismos de manera natural, por eso Jesús dijo “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22:39) así que de la misma manera en cómo nos amamos a nosotros mismos debemos amar a nuestra esposa. Nuestro principal énfasis no debe ser nuestras necesidades, sino las necesidades de la esposa.

La segunda razón es que debemos amar a la esposa porque es un miembro de Cristo (30) Cuando uno se casa con una hermana en Cristo, debe tener en claro que el Padre de ella es Dios, por tanto es parte del reino de Dios y miembro del cuerpo de Cristo (1 Cor 12:27) ¿Acaso se puede tomar una hermana en Cristo y tratarla de cualquier forma cuando la Biblia nos advierte del trato con uno de los más pequeños? (Mt 18:6; Rom 14)

La tercera razón es que debemos amar a la esposa porque somos una sola carne con ella  (31) Pablo recuerda que cuando uno se une a su mujer es una sola carne (Gen 2:24) por tanto el cuidado, la atención, la dedicación debe ser total, pues no se trata de alguien extraño, sino del ser mas intimo que Dios le ha provisto. ¿Podríamos acaso ser indiferentes con nuestras esposas?

Amar porque es un misterio sublime entre Cristo y la iglesia (V32-33) El matrimonio es un llamado sublime de Dios para los cristianos, no es que el estado “lo legalice” no es que la iglesia lo “bendiga” es que es creación de Dios. Dios es el autor del matrimonio y es tan sublime porque representa algo mucho más profundo de lo que podemos ver o pensar, representa la unión entre Cristo y la Iglesia.







[1] Timothy Keller y Kathy Keller.  El significado del Matrimonio. Editorial Andamio 2014. Página 28-36
[2] http://www.ieschile.cl/libros/vivirjuntos.pdf
[3] https://www.casadellibro.com/libro-historia-del-matrimonio/9788497841214/1091797
[4] http://www.contra-mundum.org/castellano/abshire/Girlie_pulpit.pdf 
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