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miércoles, 28 de noviembre de 2018

Predicando a los mormones. Parte 2



La doctrina de los mormones[1]
Los mormones creen en una revelación continua y en un canon diferente que los cristianos[2]:

“Los Santos de los Últimos Días no presentan tal credo como un código completo de su fe, porque aceptan el principio de la revelación continua como característica esencial de su creencia”

“Los libros que por el voto de la Iglesia se han adoptado como guías autorizadas de fe y doctrina son cuatro: la Biblia, el Libro de Mormón, Doctrinas y Convenios y la Perla de Gran Precio”

Según los mormones José Smith es un profeta verdadero por las siguientes razones[3]:

1. Se han cumplido las profecías antiguas en la restauración del evangelio y el restablecimiento de la Iglesia sobre la tierra, por conducto de él.

2. Por ordenación y nombramiento directos, de las manos de aquellos que tuvieron la potestad en dispensaciones anteriores, recibió la autoridad para oficiar en las varias ordenanzas del Santo Sacerdocio.

3. En los resultados de su ministerio queda demostrado que poseía el poder de la verdadera profecía y otros dones espirituales.

4. Las doctrinas que proclamó son verdaderas y se conforman a las Escrituras.

Para los mormones las profecías antiguas que se cumplen en José Smith son (Apo 14:6; Mal 4; Eze 37:16; Efe 1:10; Hech 3:19-21) José Smith tendría la autoridad dada por los ángeles y el habría cumplido varias profecías respecto a los mormones y a Estados Unidos (Dt 18:22)

Artículo 1.-—Creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo[4]

“Aceptamos a estos tres Personajes como el concilio supremo de gobierno en los cielos. El Padre y el hijo tienen cuerpos de carne y hueso y el Espíritu Santo es un personaje de espíritu. Adoramos al Padre en el nombre del Hijo, quien es el Mediador entre Dios y el hombre, siendo el suyo el único nombre mediante el cual el hombre puede ser salvo. Aceptarnos a Jesús como el Unigénito del Padre en la carne, aunque todos somos su linaje en el espíritu y por consiguiente sus hijos[5]

Los mormones sostienen que la idea de la unidad en la misma sustancia del Dios trino es una apostasía y que esa unidad es una unidad en propósito.

“La Trinidad es un tipo de unidad en los atributos, poderes y propósitos de sus miembros. Mientras estuvo en la tierra, y al manifestarse a sus siervos nefitas, Jesús repetidas veces testificó de la unidad que existía entre él y el Padre, y entre ellos dos y el Espíritu Santo. No puede razonablemente interpretarse lo anterior en el sentido de que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno en substancia y   persona, ni que los nombres representan el mismo individuo en diferentes aspectos[6]

Escribiendo sobre el concilio de Nicea (325) dicen[7]:

“Sería difícil concebir mayor número de contradicciones y falta de concordancia expresadas en tan pocas palabras. La Iglesia de Inglaterra enseña en la actualidad el siguiente concepto ortodoxo de Dios: "No hay sino un Dios viviente y verdadero, sempiterno, sin cuerpo, partes o pasiones; de infinito poder, sabiduría y bondad." La inmaterialidad de Dios, que estas declaraciones de fe sectaria afirman, se opone directamente a las Escrituras; y las revelaciones de la persona y atributos de Dios, cual se ha mostrado por los pasajes ya citados, la refutan por completo.  Nosotros afirmamos que negar la materialidad de la persona de Dios es negar a Dios; porque una cosa sin partes carece de cuerpo, y un cuerpo inmaterial no puede existir. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días proclama que el Dios incomprensible, falto de "cuerpo, partes o pasiones", es algo imposible de existir; y sostiene su creencia en el Dios viviente y verdadero de las Escrituras y las revelaciones, y a él rinde homenaje”

Artículo 2 Creemos que los hombres serán castigados por sus propios pecados, y no por la transgresión de Adán[8].

La Iglesia enseña como doctrina estrictamente ceñida a las Escrituras, que entre los derechos inalienables que su Padre divino le ha conferido, el hombre ha heredado la libertad de escoger el bien o el mal en la vida; de obedecer o desobedecer los mandamientos del Señor, según su elección”

Los mormones creen que el hombre pecó delante de Dios basado en su libre albedrio y aun hoy en día puede hacer uso de él. Hablan de que el pecado es el violar la ley de Dios y que el castigo por el pecado sea eterno.

“Se debe considerar como uno de los resultados más perniciosos del erróneo concepto de las Escrituras la falsa doctrina de que el castigo que se va a imponer a las almas pecadoras es sin fin, que cada condena por el pecado es de duración interminable. No es sino un dogma de sectarios errados y desautorizados; y, a la vez, contrario a las Escrituras, irrazonable y repugnante para el que ama la merced y honra la justicia. Es cierto que las Escrituras hablan de fuegos sin fin, condenación eterna y la venganza del fuego eterno como rasgos característicos del juicio preparado para los inicuos; sin embargo, en ninguno de estos casos se puede justificar la conclusión de que el pecador individual tendrá que padecer la ira de la justicia ofendida para siempre jamás. El castigo es suficientemente severo en cualquier caso sin el horror adicional y supremo de una continuación interminable. La justicia debe quedar satisfecha; pero cuando se pague el "último cuadrante", se abrirán las puertas de la prisión y el cautivo quedará libre. Pero la prisión permanece, y la ley que dicta el castigo por las ofensas no se ha de revocar”

Artículo 3 Creemos que por la Expiación de Cristo todo el género humano puede salvarse, mediante la obediencia a las leyes y ordenanzas del evangelio[9].

La Extensión de la Expiación es universal, y aplicase igual a todos los descendientes de Adán. Hasta el incrédulo, el pagano y el niño que muere antes de llegar a la edad de responsabilidad, todos son redimidos de las consecuencias individuales de la caída por el sacrificio personal del Salvador

El Efecto Individual de la Expiación le permite a toda alma, sin excepción, lograr la absolución del efecto de los pecados personales, por la mediación de Cristo; pero tal intercesión salvadora ha de invocarse por su esfuerzo individual, manifestado en la fe, el arrepentimiento y obras continuas de justicia.

Artículo 4 Creemos que los primeros principios y ordenanzas del evangelio son, primero: Fe en el Señor Jesucristo; segundo: Arrepentimiento; tercero: Bautismo por inmersión para la remisión de pecados; cuarto: Imposición de manos para comunicar el don del Espíritu Santo[10].

Los mormones sostienen que para ser salvo es necesario tener fe, arrepentirse, bautizarse por inmersión y haber recibido el bautismo del Espíritu Santo. La fe se ve como un don divino y el arrepentimiento debe ser sincero.

“A pesar de estar al alcance de todos los que diligentemente se esfuerzan para obtenerla, la fe, no obstante, es un don divino. Como corresponde a tan preciosa perla, sólo se da a aquellos que por su sinceridad demuestran que la merecen, y en quienes hay indicaciones de que se someterán a sus dictados”

“El arrepentimiento, para merecer ese nombre, debe comprender algo más que una simple admisión personal de estar en error; no consiste en lamentaciones y confesiones verbales, sino en reconocer de todo corazón la culpabilidad. Esto ocasiona el horror hacia el pecado y una determinación resuelta de desagraviar lo pasado y obrar mejor en lo futuro”

“El arrepentimiento es un medio para obtener perdón, y por tanto, es uno de los dones más grandes de Dios para el hombre. No se puede obtener pidiéndolo indiferentemente; no se puede encontrar al lado del camino; sin embargo, se imparte con liberalidad ilimitada a aquellos cuyas obras lo justifican. Es decir, todos los que se preparan para el arrepentimiento serán guiados por la influencia humilladora y ablandante del Santo Espíritu hasta poseer de hecho este gran don”

El bautismo para los mormones debe ser por inmersión y solo para adultos. Además el bautismo es necesario para salvación y existe también el bautismo por los muertos.

En la teología de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el bautismo de agua es el tercer principio y la primera ordenanza esencial del evangelio. El bautismo es la puerta que conduce al redil de Cristo, el portal de la Iglesia, el rito establecido de naturalización en el reino de Dios. Debidamente se requiere de aquel que aspira a ser admitido en la Iglesia, una vez que ha obtenido y profesado la fe en el Señor Jesucristo y se ha arrepentido sinceramente de sus pecados, que presente evidencia de esta santificación espiritual por medio de una ordenanza exterior, autorizadamente prescrita como señal o símbolo de su nueva profesión. Esta ordenanza iniciadora es el bautismo en el agua, al que debe seguir el bautismo más elevado del Espíritu Santo; y como resultado de este acto de obediencia, se otorga la remisión de los pecados”

“Las observaciones que se han hecho respecto del objeto del bautismo se aplican con la misma fuerza a la proposición de que el bautismo es necesario para la salvación; pues como la remisión de pecados constituye un objeto especial del bautismo, y en vista de que no se podrá salvar en el reino de Dios el alma que tenga pecados no remitidos, claro es que el bautismo es esencial para la salvación”

“De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué pues se bautizan por los muertos?—1 Cor. 15:29. Se enviará a Elias el Profeta en los últimos días para convertir el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a los padres—Mal. 4:5; también 3 Nefi 25:5, 6; P. de G. P., pág. 49; D. y C. sec. 2. La misión de Elias el Profeta encierra el servicio vicario de los vivos a favor de los muertos.—D. y C. 27:9. Ha venido Elias y entregado su comisión—D. y C. 110:13-16. El bautismo por los muertos es una ordenanza de la Casa del Señor; de ahí, la necesidad de Templos—D. y C. 124:28-31, 36, 39. Se instituyó esta ordenanza antes de la fundación del mundo— versículo 33. Se debe llevar un registro de los bautismos por los muertos— D. y C. 127:6; 128:1-7. Instrucciones respecto al bautismo por los muertos—D. y C. 128:15-18. Entre su muerte y resurrección Cristo predicó a los muertos. También fue y predicó a los espíritus encarcelados—1 Ped. 8.:18-20; también 4:6; a esto se le había preordinado— véase Isa. 24:22. Por cuanto el bautismo es esencial para la salvación del hombre y es una ordenanza relacionada con la vida mortal, se debe administrar vicariamente a favor de los muertos”

“Cuando el Salvador le declaró a Nicodemo la necesidad del bautismo, no se refirió al nacimiento de agua solamente, ya que éste quedaría incompleto sin la influencia vivificante del Espíritu. "Nacer del agua y del Espíritu", es el requisito necesario que debe cumplir aquel que quiere ganar la entrada al reino de Dios. Muchos de los pasajes de las Escrituras que se citan para comprobar el propósito y la necesidad del bautismo muestran que el bautismo del Espíritu Santo y la ordenanza prescrita de inmersión en el agua están estrechamente ligados”

Como ya se ha indicado, el oficio especial del Espíritu Santo es iluminar y ennoblecer la mente, purificar y santificar el alma, persuadir a obras buenas y revelar las cosas de Dios. Pero además de estas bendiciones generales, se han prometido ciertas gracias particulares que se relacionan con los dones del Espíritu Santo. El Salvador dijo: "Estas señales seguirán a los que creyeren: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; quitarán serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les dañará; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán."

“Los dones del Espíritu se reparten, de acuerdo con la sabiduría de Dios, para la salvación de sus hijos. San Pablo los explica de esta manera: "Acerca de los dones espirituales, no quiero, hermanos, que ignoréis.  Empero hay repartimiento de dones; mas el mismo Espíritu es ... A cada uno le es dada manifestación del Espíritu para provecho. Porque a la verdad, a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo  Espíritu; a otro, operaciones de milagros; y a otro, profecía; y a otro, discreción de espíritus; y a otro, géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Mas todas estas cosas obra uno y el mismo Espíritu, repartiendo particularmente a cada uno como quiere."

“La palabra directa del Señor a los santos de esta dispensación les da instrucciones de no permitir que nadie participe del sacramento, si está en pecado, sino hasta que se haya reconciliado; no obstante, se manda a los santos ejercitar abundante caridad hacia sus hermanos errantes, no desechándolos de las asambleas, pero sí prohibiéndoles el sacramento En nuestro sistema de organización eclesiástica, los oficiales locales de la Iglesia tienen la responsabilidad de administrar el sacramento, y le es requerido a la gente conservarse digna de participar de los sagrados emblemas.

“No hay en las Escrituras autorización para dar el sacramento a los que no son miembros, con todos sus derechos, de la Iglesia de Jesucristo. El administró la ordenanza a los apóstoles sobre el continente oriental, y hay constancia de que ellos lo daban únicamente a los que habían tomado sobre sí el nombre de Cristo. Entre los de su redil occidental, Cristo instituyó la ley de que sólo los que efectivamente fueran miembros de su Iglesia deberían participar. Cuando prometió delegar a uno de ellos el poder para oficiar en el sacramento, el Señor especificó que aquel que fuese escogido lo daría a los de su Iglesia, a todos aquellos que creyesen y se bautizaran en su nombre  Solamente los que de esta manera se habían bautizado eran conocidos como la Iglesia de Cristo Continuando sus instrucciones a sus discípulos, respecto del sacramento, el Salvador dijo: "Siempre haréis esto por todos los que se arrepienten y se bautizan en mi nombre."

Artículo 5 Creemos que el hombre debe ser llamado de Dios, por profecía y la imposición de manas, por aquellos que tienen la autoridad para predicar el evangelio y administrar sus ordenanzas[11].

“La Ordenación de los Hombres Para el Ministerio, sancionada por antecedente bíblico e instituida por revelación directa de la voluntad de Dios, ha de efectuarse, mediante el don de profecía y la imposición de manos, por aquellos que tienen la autoridad. Por profecía se entiende el derecho de recibir y el poder para interpretar las manifestaciones de la voluntad divina. En varios de los casos ya citados, se ha visto que se acostumbraba la imposición de manos como parte de la ordenanza; no obstante, las Escrituras refieren numerosas ocasiones en que se confirieron oficios del Sacerdocio sin especificar la imposición de manos u otros detalles. No ofrecen justificación estos casos para concluir que se omitió la imposición de manos; y a la luz de la revelación moderna, se aclara que la imposición de manos usualmente acompañaba esta ordenación, así como la confirmación de bendiciones y el don del Espíritu Santo”

“Nosotros afirmamos que la autoridad para oficiar en el nombre de Dios está obrando en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en la actualidad, y que este poder o comisión fue conferido por ordenación a los primeros oficiales de la Iglesia por aquellos que habían tenido el mismo poder en dispensaciones anteriores. Las Escrituras indican que se iba a retirar de la tierra la autoridad del Santo Sacerdocio al morir los antiguos apóstoles, y que por necesidad tendría que ser restaurada del cielo antes que pudiera ser restablecida la Iglesia”

“Nadie puede oficiar en ninguna de las ordenanzas de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, si no le han conferido un orden u oficio particular del Sacerdocio aquellos que poseen la autoridad requerida. De manera que, ningún hombre recibe el Sacerdocio sino de uno que ya tiene dicho Sacerdocio; y éste debe haberlo recibido de otros que previamente fueron comisionados. Así, cada uno de los portadores del Sacerdocio en estos días puede seguir la línea de su autoridad hasta llegar al profeta José Smith, quien recibió su ordenación de los apóstoles Pedro, Santiago y Juan, a los cuales el Señor Jesucristo había ordenado. Según las Escrituras, es evidente que los hombres que Dios llama a la autoridad del ministerio sobre la tierra, pudieron haber sido escogidos a dicho nombramiento aun antes de tomar sobre sí cuerpos mortales. Muy propiamente se puede considerar este asunto en relación con el tema presente, y su estudio nos conduce a los sujetos que siguen”

Artículo 6 Creemos en la misma organización que existió en la Iglesia primitiva, esta es, apóstoles, profetas, pastores, maestros, evangelistas, etc[12].

“Desde el período que inmediatamente siguió el ministerio de los antiguos apóstoles, y hasta el siglo xix, ninguna organización había afirmado tener revelación directa de Dios; por cierto, los que profesan ser ministros del evangelio han enseñado y declarado por siglos que esos dones de Dios han cesado, que los días de los milagros han pasado y que la época actual no tiene más guía que lo pasado. Dando a la historia una interpretación natural, es muy patente que ha habido una desviación muy grande del camino de la salvación que el Salvador prescribió, una apostasía general de la Iglesia de Cristo”

“La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días reconoce dos órdenes de Sacerdocio: El menor, que es llamado el Aarónico, y el mayor, conocido como el orden de Melquisedec.  El Sacerdocio Aarónico se llama así por Aarón, quien fué dado por boca a Moisés, para obrar bajo su dirección, a fin de llevar a cabo los fines de Dios respecto de Israel. Por esta razón a veces le dicen el Sacerdocio Menor; pero aunque menor, no es ni pequeño ni insignificante. Mientras Israel viajaba por el desierto, Aarón y sus hijos fueron llamados por profecía y nombrados para los deberes del oficio de sacerdote”

“El Sacerdocio de Melquisedec lleva el nombre del rey de Salem, un gran sumo sacerdote.' Antes de la época de dicho rey, "se llamaba el Santo Sacerdocio según el Orden del Hijo de Dios. Mas por respeto o reverencia al nombre del ser Supremo, ellos, la Iglesia en los días antiguos, para evitar la tan frecuente repetición del nombre de Dios, le dieron a ese sacerdocio el nombre de Melquisedec." Este Sacerdocio tiene el derecho de presidir todos los oficios de la Iglesia. Sus funciones especiales consisten en la administración de cosas espirituales, y comprende las llaves de todas las bendiciones espirituales de la Iglesia, el derecho de "ver manifestados los cielos (hablando de los que tienen este sacerdocio) comunicarse con la asamblea general y la Iglesia del Primogénito, y gozar de la comunión y la presencia de Dios el Padre y de Jesús, el mediador del nuevo convenio". Los oficios especiales del Sacerdocio de Melquisedec son: Apóstol, patriarca o evangelista, sumo sacerdote, setenta y élder o anciano. Las revelaciones de Dios han señalado los deberes de cada uno de estos llamamientos; y esta misma alta autoridad ha dirigido el nombramiento de oficiales administrativos, escogidos de entre aquellos que son nombrados a los varios oficios de estos dos Sacerdocios.'

“El oficio de Diácono es el primero o el menor en el Sacerdocio de Aarón. Los deberes de este llamamiento son principalmente de carácter temporal, y tienen que ver con el cuidado de las casas de oración, la comodidad de los presentes y prestar servicio a los miembros de la Iglesia conforme a las instrucciones del obispo. Sin embargo, el diácono puede ser llamado en todas las cosas para ayudarle al maestro en sus deberes. Doce diáconos forman un quorum, al cual presiden un presidente y dos consejeros, escogidos de entre los del grupo”

“Los Maestros son oficiales locales cuya función es asociarse con los santos para exhortarlos en cuanto a sus deberes, y fortalecer a la Iglesia por medio de su ministerio constante. Deben ver que no haya iniquidad en la Iglesia ni que los miembros abriguen malos sentimientos unos contra otros, sino que observen la ley de Dios respecto de sus deberes en la Iglesia. Pueden dirigir los servicios a falta de algún presbítero u otro oficial mayor. Tanto los maestros como los diáconos pueden predicar la palabra de Dios cuando propiamente se les indique, pero no tienen el poder para oficiar independientemente en ninguna ordenanza espiritual, como bautizar, administrar la Santa Cena o imponer las mano. Veinticuatro maestros, incluyendo un presidente y dos consejeros, constituyen un quórum.

“Los Presbíteros son comisionados para predicar, enseñar, exponer las Escrituras, bautizar, administrar la Santa Cena y visitar las casas de los miembros para exhortarlos a ser diligentes. Debidamente nombrado, el presbítero puede ordenar diáconos, maestros y otros presbíteros; y puede ser llamado para ayudarle al élder en su obra. Un quórum de presbíteros consta de cuarenta y ocho miembros, y se halla bajo la presidencia personal de un obispo”

“Los Élderes o ancianos están facultados para oficiar en cualquiera de los deberes de los oficios menores del Sacerdocio, o en todos ellos; además, pueden ordenar otros élderes, confirmar miembros de la Iglesia a aquellos que han sido bautizados debidamente, y conferirles el Espíritu Santo. Los élderes tienen la autoridad para bendecir a los niños en la Iglesia y hacerse cargo de los servicios, dirigiéndolos conforme a los dictados del Espíritu Santo. El élder puede oficiar en lugar del sumo sacerdote si éste no estuviere presente. Noventa y seis élderes integran un quorum, y tres de ellos constituyen la presidencia del cuerpo”

“Los Setenta son principalmente élderes viajantes, ordenados especialmente para promulgar el evangelio entre las naciones de la tierra, "primeramente a los gentiles, y también a los judíos". Deben obrar bajo la dirección de los apóstoles en esta obra particular. Un quorum completo se compone de setenta miembros, entre ellos siete presidentes”

“Los Sumos Sacerdotes son ordenados y facultados para oficiar en todas las ordenanzas y bendiciones de la Iglesia, cuando son nombrados o de alguna otra manera autorizados para ello. Pueden viajar como lo hacen los setenta, llevando el evangelio a las naciones, pero no tienen esa responsabilidad especial. Su llamamiento particular consiste en presidir y servir en un lugar fijo. Los sumos sacerdotes de cualquiera de las estacas de la Iglesia pueden organizarse en un quorum, y éste no tiene límites en cuanto a su número. Tres de los miembros, un presidente y dos consejeros, presiden este quórum”

“Los Patriarcas o Evangelistas se encargan de la responsabilidad de bendecir a los miembros de la Iglesia, aunque por supuesto, tienen la autoridad para oficiar también en otras ordenanzas. Hay un "Patriarca para la Iglesia" conocido oficialmente como el Patriarca Presidente, cuya jurisdicción es general en toda la organización. Este tiene las llaves del oficio patriarcal, y las ejercita para que aquel "a quien él bendijere sea bendito, y a quien maldijere sea maldito; para que lo que ligare en la tierra sea ligado en los cielos, y lo que soltare en la tierra quede suelto en los cielos".

“Los Apóstoles son llamados para ser testigos especiales del nombre de Cristo en todo el mundo. Están facultados para edificar y organizar las ramas de la Iglesia, y pueden oficiar en cualquiera de las sagradas ordenanzas, o en todas. Deben viajar entre los miembros para poner en orden los asuntos de la Iglesia dondequiera que fueren, pero con particularidad donde no hubiere una organización local completa. Están autorizados para ordenar patriarcas y otros oficiales del Sacerdocio bajo la inspiración del Espíritu de Dios. En todo su ministerio han de obrar bajo la dirección de la Primera Presidencia de la Iglesia. Doce Apóstoles, debidamente ordenados, constituyen el Quórum o Consejo de los Doce”

El Quórum de los Doce Apóstoles.—Doce hombres nombrados al apostolado, debidamente organizados, constituyen el Quórum de los Doce Apóstoles, también llamado el Consejo de los Doce. El Señor los ha llamado "los doce consejeros viajantes". Estos forman el Sumo Consejo Administrativo Viajante y ofician bajo la dirección de la Primera Presidencia en todas partes del mundo. Forman un quórum cuyas decisiones unánimes son de igual valor y poder que las de la Primera Presidencia de la Iglesia. Cuando queda desorganizada la Primera Presidencia, debido a la muerte o inhabilidad del Presidente, la autoridad administrativa inmediatamente recae en el Quórum de los Doce Apóstoles, por medio de quienes se hace el nombramiento del siguiente Presidente.

El Quórum Administrativo de Setenta. — El primer quórum de Setenta integra un cuerpo cuyas decisiones unánimes serían tan válidas como las de los Doce Apóstoles en los asuntos que fuesen debidamente presentados a los Setenta para su decisión oficial. En la obra de la Iglesia puede haber necesidad de muchos quórumes de setentas. Cada quorum tiene siete presidentes. Sin embargo, los siete presidentes del Primer Quórum de Setenta presiden a todos los demás quórumes y sus presidentes.

El Obispado General, en su organización actual, se compone del Obispo General de la Iglesia y dos consejeros. La jurisdicción de este cuerpo se extiende a los deberes de todos los demás obispos de la Iglesia, y a todas las actividades y organizaciones que corresponden al Sacerdocio de Aarón. El representante viviente de mayor edad entre los hijos de Aarón tiene derecho a esta presidencia, si es que en todo sentido llena los requisitos y es digno. Sin embargo, primeramente debe ser nombrado y ordenado por la Primera Presidencia de la Iglesia. Si fuere hallado y ordenado tal descendiente directo de Aarón, podrá obrar sin consejeros, salvo cuando tuviere que juzgar a uno de los Presidentes del Sumo Sacerdocio; y en este caso le han de ayudar doce sumos sacerdotes. Pero no habiendo un descendiente directo de Aarón debidamente calificado, la Primera Presidencia puede llamar y ordenar a un Sumo Sacerdote del Sacerdocio de Melquisedec para el oficio de Obispo General; y lo ayudarán como consejeros otros dos sumos sacerdotes debidamente ordenados y nombrados.

Las Organizaciones Locales del Sacerdocio.— Donde los miembros se han radicado permanentemente, se organizan Estacas de Sión. Cada estaca comprende un número de barrios o ramas. Para cada estaca se nombra una Presidencia de la Estaca, la cual consta de un presidente y dos consejeros quienes son sumos sacerdotes designados para este oficio. En sus funciones judiciales, la Presidencia de la Estaca cuenta con la ayuda de un Sumo Consejo Residente constituido por doce sumos sacerdotes escogidos y ordenados para ese oficio. La Presidencia de la Estaca preside este consejo y juntos forman el tribunal judiciario más alto de la estaca.

“Los presidentes de las estacas y los obispos de los barrios son los pastores del rebaño. Son análogos sus deberes y aquellos que tenían los pastores en dispensaciones anteriores. Los sumos sacerdotes y los élderes de cada estaca se organizan en quórumes, como ya se ha explicado, aquéllos sin límite en cuanto a número, éstos en uno o más quórumes de noventa y seis miembros cada uno. También se nombran patriarcas para obrar en su oficio entre los miembros de la estaca.

Artículo 7.Creemos en el don de lenguas, profecía, revelación, visiones, sanidades, interpretación de lenguas, etc[13].

“Escuchad las palabras de este profeta, dirigidas a "vosotros que negáis las revelaciones de Dios y decís que ya han cesado, que no hay revelaciones, ni profecías, ni dones, ni sanidades, ni hablar en lenguas, ni interpretación de lenguas. He aquí, os digo que aquel que niega estas cosas, no conoce el evangelio de Cristo; sí, no ha leído las Escrituras; y si las ha leído, no las comprende. Pues ¿no leemos que Dios es el mismo ayer, hoy y para siempre, y que en él no hay variación, ni sombra de cambio? Empero si os habéis imaginado un dios variable, y en quien hay sombra de cambio, entonces os habéis imaginado un dios que no es un Dios de milagros. Pero he aquí que yo os mostraré un Dios de milagros, sí, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob; y es el mismo Dios que creó los cielos y la tierra, y todas las cosas que hay en ellos"

Los Dones Espirituales en la Iglesia Hoy Día “Los Santos de los Últimos Días afirman tener dentro de la Iglesia todos los dones que como señales se ha prometido que heredará el creyente. Llaman la atención a los intachables testimonios de miles que han sido bendecidos con manifestaciones directas y personales de poder celestial: los que en otro tiempo estuvieron ciegos, sordos, mudos, cojos y achacosos; a los que por medio de un dominio extraordinario de otros idiomas han demostrado tener el don, cuando en el cumplimiento de sus deberes como predicadores de la palabra de Dios se ha precisado; a los muchos que han tenido comunicación personal con seres celestiales: a otros cuyas palabras proféticas han hallado rápida justificación en un cumplimiento literal, y por último, a la Iglesia misma, cuyo desarrollo ha sido dirigido por la voz de Dios y manifestado por el don de revelación”

Artículo 8. Creemos que la Biblia es la palabra de Dios hasta donde esté traducida correctamente también creemos que el Libro de Mormón es la palabra de Dios[14].

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días acepta la Santa Biblia como el principal de sus libros canónicos, el primero entre los libros que han sido proclamados como sus normas escritas en cuanto a fe y doctrina. En el respeto y santidad con que estiman la Biblia, los Santos de los Últimos Días profesan lo mismo que las denominaciones cristianas en general, pero se distinguen de ellas en que también admiten como auténticas y santas otras Escrituras que concuerdan con la Biblia y sirven para apoyar y hacer resaltar sus hechos y doctrinas”

“Los Santos de los Últimos Días aceptan los antecedentes históricos y demás datos sobre los cuales la fe cristiana de hoy se basa, en lo que respecta a la autenticidad de los anales bíblicos, tan incondicionalmente como los miembros de cualquier otra secta; y en cuanto a literalidad de interpretación, esta Iglesia probablemente sobresale. No obstante, tratándose de una traducción errónea, cosa que puede suceder como resultado de la incapacidad humana, la Iglesia anuncia una excepción; y ni aun en esta medida de precaución somos los únicos, porque los que están versados en materias bíblicas generalmente admiten la existencia de errores, tanto en la traducción como en la transcripción del texto. Los Santos de los Últimos Días creen que los escritos originales son la palabra de Dios al hombre, y consideran igualmente auténticas las traducciones de dichos escritos hasta donde se han traducido correctamente. La Biblia declara ser una traducción efectuada mediante la sabiduría del hombre; se ha buscado a los más doctos para su preparación, y sin embargo, no se ha publicado una sola versión en la que se admita no haber errores. Con todo, el investigador imparcial tiene más motivo para maravillarse de la escasez de errores que de su existencia”

“El Libro de Mormón es un documento histórico divinamente inspirado, escrito por los profetas de los antiguos pueblos que por el espacio de algunos siglos antes y después de la venida de Cristo habitaron el continente americano. Esta Escritura se ha traducido en esta generación mediante el don de Dios y por nombramiento especial de él. El traductor autorizado e inspirado de estas Sagradas Escrituras es José Smith, por medio de quien han llegado al mundo en un lenguaje moderno”

Según consta en la portada, hallamos en el Libro de Mormón las historias de dos naciones que florecieron en América. Estos pueblos nacieron de colonias pequeñas que bajo dirección divina llegaron aquí del continente oriental. Convenientemente nos referiremos a ellos como nefitas y jareditas”

“La Nación Nefita fué la última, y desde el punto de la copiosidad de sus anales, la más importante. Los progenitores de este pueblo salieron de Jerusalén en el año 600 antes de Cristo bajo la dirección de Lehi, un profeta judío de la tribu de Manasés. Cuando partió de Jerusalén, su familia se componía de Saríah, su esposa, y sus hijos Laman, Lemuel, Sam y Nefi. Más adelante se habla de hijas, pero de que si nacieron antes o después del éxodo de la familia, nada se dice. Además de la propia familia de Lehi, acompañaban a esta colonia Zoram e Ismael, este último un israelita de la tribu de Efraín. Ismael y su familia se unieron a la compañía de Lehi en el desierto, y sus descendientes fueron contados entre los de la nación de que estamos tratando. Parece que la com-pañía viajó hacia el sudeste, siguiendo la costa del mar Rojo; entonces, alterando su curso hacia el este, atravesó la península árabe y allí, a orillas del mar de Omán, construyeron y abastecieron un barco en el cual se lanzaron al mar, encomendándose a la divina providencia. Se cree que viajaron hacia el Este, cruzando el océano Indico, después el Pacífico, llegando por fin a la costa occidental de América donde desembarcaron más o menos en el año 590 antes de Cristo. El libro no da detalles suficientes del sitio donde desembarcaron para justificar conclusiones definitivas”

“El pueblo se estableció en lo que para ellos era la tierra prometida; nacieron muchos hijos, y en unas cuantas generaciones una posteridad numerosa habitaba el país. Después de la muerte de Lehi ocurrió una división. Unos aceptaron como director a Nefi, quien había sido debidamente nombrado al oficio profético, mientras que los demás proclamaron jefe a Laman, el mayor de los hijos de Lehi. Desde entonces estos pueblos divididos se llamaron nefitas y lamanitas, respectivamente. Había ocasiones en que se observaba una apariencia de relaciones amistosas entre unos y otros, pero generalmente estaban en pugna, y los lamanitas manifestaban un odio y hostilidad implacable hacia sus hermanos nefitas. Los nefitas impulsaron las artes de la civilización, construyendo grandes ciudades y estableciendo comunidades muy prósperas; sin embargo, con frecuencia caían en transgresión, y el Señor, para castigarlos, permitía que sus enemigos hereditarios triunfaran sobre ellos. Tradicional-mente se cree que se extendieron hacia el Norte, ocupando una región considerable de Centro América, después de lo cual se esparcieron hacia el Este y el Norte hasta llegar a lo que en la actualidad es parte de los Estados Unidos. Los lamanitas, aun cuando aumentaron en número, sufrieron el anatema del desagrado de Dios; su cutis se tornó obscuro, su espíritu se descarrió, se olvidaron del Dios de sus padres, se entregaron a una vida salvaje y nómada y degeneraron en el estado caído en que encontraron a los indios de América—sus descendientes directos—aquellos que volvieron a descubrir el continente occidental en una época posterior. Las últimas batallas entre nefitas y lamanitas se libraron alrededor del Cerro de Cumora, en lo que hoy es el Estado de Nueva York, de las cuales resultó la destrucción de los nefitas como nación, unos 400 años después de Cristo. El último representante nefita fué Moroni, quien, huyendo de un lugar a otro para preservar su vida,  diariamente esperando morir a manos de los lamanitas victoriosos, escribió la última parte del Libro de Mormón y escondió la historia en el Cerro de Cumora. Este mismo Moroni, como ser resucitado, fué quien entregó los anales a José Smith en la dispensación actual.

Los Santos de los Últimos Días basan su creencia en la autenticidad del libro en las siguientes pruebas:

1. La concordancia general del Libro de Mormón y la Biblia en toda materia análoga.
2. El cumplimiento de profecías antiguas realizado en la publicación del Libro de Mormón.
3. La estricta concordancia y correspondencia del Libro de Mormón en sí mismo.
4. La verdad patente de las profecías que contiene.
5. El testimonio corroborativo que ofrecen la arqueología y la etnología.

Artículo 9. Creernos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela, y creemos que aún revelará muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios[15].

“Las Escrituras terminantemente afirman el hecho de que desde Adán hasta Juan el Revelador, Dios dirigió los asuntos de su pueblo por medio de comunicaciones personales que daba a sus siervos comisionados. A medida que con el tiempo iba creciendo la palabra escrita—la recopilación de revelaciones dadas anteriormente—se iba convirtiendo en ley para el pueblo; pero en ningún caso se consideró suficiente”

“A la luz del conocimiento que tenemos sobre la revelación continua, como característica esencial de la Iglesia, es tan razonable esperar nueva revelación en la actualidad como creer en la realidad de este don durante los días antiguos. "Sin profecía el pueblo será disipado", se afirmó en la antigüedad; y sería propio incluir la revelación, ya que este don suele manifestarse por medio de sueños, visiones y profecías. A pesar del abundante y sumamente explícito testimonio de las Escrituras, las así llamadas sectas cristianas del día casi sin excepción declaran que la revelación directa cesó con los apóstoles o aun antes de ellos; que son innecesarias más comunicaciones de los cielos, y que el esperar esas cosas no concuerda con las Escrituras. Por asumir semejante actitud, las sectas discordantes del día no hacen más que seguir el camino que los incrédulos recorrieron en los días antiguos. Los judíos apóstatas rechazaron al Salvador porque vino a ellos con una revelación nueva. ¿Acaso no tenían a Moisés y a los profetas para que los guiaran? ¿qué más necesitaban? Públicamente se jactaban de ser "discípulos de Moisés", y añadían: "Nosotros sabemos que a Moisés habló Dios: mas éste no sabemos de dónde es."

“En vista del hecho comprobado de que la revelación entre Dios y el hombre siempre ha sido y es una de las características de la Iglesia de Jesucristo, es razonable esperar confiadamente que se recibirán otros mensajes del cielo, aun hasta el fin de la probación del hombre sobre la tierra. La Iglesia tan verdaderamente se funda, y seguirá fundándose, sobre la roca de revelación como en el día en que Cristo pronunció su bendición profética sobre Pedro, quien por medio de este don de Dios pudo testificar de la divinidad de su Señor. La revelación moderna, igual que la antigua, con bastante claridad predice las aún futuras manifestaciones de Dios por medio de esta forma indicada. El canon de las Escrituras todavía se halla abierto; quedan por agregarse muchas líneas, muchos preceptos; aún están por venir a la Iglesia y ser declaradas al mundo revelaciones que excederán en importancia y gloriosa plenitud todas las que se han conocido”

Artículo 10. Creemos en la congregación literal del pueblo de Israel y en la restauración de las diez tribus;  que Sión será edificada sobre este continente (de América); que Cristo reinará personalmente sobre la tierra; que la tierra será renovada y recibirá su gloria paradisíaca[16].

“En la historia grabada por la división de la casa de Israel que salió de Jerusalén y llegó al continente occidental aproximadamente en el año 600 antes de J. C, repetidas veces se hace referencia a las dispersiones que ya se habían verificado, y a la continuación del esparcimiento que para los escritores del Libro de Mormón era aún futuro. Durante el viaje hacia la costa, y mientras se hallaba acampado con su compañía en el valle de Lemuel, en las inmediaciones del mar Rojo, el profeta Lehi declaró lo que por revelación había llegado a saber tocante a la futura "caída de los judíos en la incredulidad", la crucifixión del Mesías y la dispersión de ese pueblo "por toda la superficie de la tierra"  Comparó la casa de Israel a un olivo cuyas ramas iban a ser desgajadas y esparcidas; y vió en el éxodo y lejano viaje de su colonia un episodio incidental en el curso general de la dispersión. Nefi, hijo de Lehi, también vió en visión el esparcimiento del pueblo del convenio, y sobre este punto añadió su testimonio al de su padre el profeta. También vió que la descendencia de sus hermanos, conocida posteriormente como lamanitas, sería castigada por su incredulidad; y que estaba destinada a ser vencida por los gentiles y ser dispersada ante ellos.  En esa visión profética de las edades también vió que salían libros sagrados, además de los que hasta entonces se conocían, "para convencer a los gentiles y al resto de la posteridad de mis hermanos, y también a los judíos que se hallaban esparcidos sobre toda la superficie de la tierra".

“El Cristo resucitado, durante su ministerio entre los nefitas en este hemisferio, habló particularmente de "las otras tribus de la casa de Israel, que el Padre ha conducido fuera del país"; y dijo además que eran "otras ovejas que no son de esta tierra, ni de la tierra de Jerusalén, ni ninguna de las partes del país inmediato donde he estado para ejercer mi ministerio". Cristo reveló el mandamiento que su Padre le había dado de manifestarse a ellas. El lugar en donde actualmente se hallan las Tribus Perdidas no ha sido revelado”

“Para concluir dignamente nuestra selección de profecías bíblicas, reflexionemos las palabras que Jesús de Nazaret pronunció cuando vivió entre los hombres: "Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán sus escogidos de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro."

“Profecías del Libro de Mormón.—El tema del recogimiento de Israel captó la atención de muchos profetas cuyas enseñanzas se encuentran en el Libro de Mormón; y no es poca la revelación directa sobre este asunto que se halla escrita entre las páginas de dicho libro. Ya nos hemos referido a las palabras de Lehi en el valle de Lemuel, cuando este profeta y patriarca comparó la casa de Israel a un olivo cuyas ramas iban a ser desgajadas y esparcidas. Vamos ahora a agregar su profecía de la subsiguiente restitución de las ramas. Enseñó que "después que la casa de Israel fuese esparcida, sería de nuevo recogida; o por último, después que los gentiles hubiesen recibido la plenitud del evangelio, las ramas naturales del olivo o los restos de la casa de Israel serían injertados o llegarían al conocimiento del verdadero Mesías, su Señor y Redentor".

Es evidente, pues, que el plan del recogimiento abarca: 1. La congregación del pueblo de Israel en la tierra de Sión, de entre todas las naciones de la tierra. 2. El regreso de los judíos a Jerusalén.  3. La restauración de las Tribus Perdidas.

Artículo 11 Nosotros reclamamos el derecho de adorar a Dios Todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio: adoren cómo, dónde o lo que deseen[17].

“Los Santos de los Últimos Días declaran que se adhieren incondicionalmente a los principios de libertad y tolerancia religiosas. Afirman que la libertad de adorar a Dios conforme a los dictados de la conciencia es uno de los derechos inherentes e inalienables de la humanidad. Los inspirados fraguadores de la constitución norteamericana proclamaron al mundo, como verdad patente, que el común patrimonio del género humano le otorga a todo individuo el derecho a la vida, la libertad y la felicidad”

“Las doctrinas de la Iglesia explícitamente definen la relación entre la probación mortal y el estado futuro, y en igual manera enseñan la responsabilidad individual y el libre albedrío del hombre. La Iglesia afirma que en vista de la responsabilidad que todo hombre tiene, como director de su propio curso, el individuo debe estar, y está libre para escoger en todas las cosas: desde la vida que conduce a la mansión celestial, hasta la carrera que no es sino la entrada a las miserias de la perdición. La libertad de adorar o de negarse a adorar es un derecho dado por Dios, y toda alma tendrá que someterse a las consecuencias de su elección”

Artículo 12. Creemos en estar sujetos a los reyes, presidentes, gobernadores y magistrados; en obedecer, honrar y sostener la ley[18].

“La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días hace enfática declaración de su creencia y preceptos relativos al deber de sus miembros hacia las leyes del país en que viven, y sostiene su posición por la autoridad de revelaciones precisas, tanto de épocas antiguas como modernas. Por otra parte, el pueblo tiene la confianza de que al llegarse a saber por completo la historia verdadera de su origen y progreso, como cuerpo establecido de adoradores religiosos, el mundo en general vindicará y elogiará la lealtad de la Iglesia y la devoción patriótica de sus miembros, como hoy lo hacen los contados investigadores imparciales que han estudiado con propósito sincero la historia de esta notable organización”

“Un Ejemplo de esta suspensión de la ley divina se ve en la decisión de la Iglesia tocante al asunto del matrimonio plural. Se estableció esta práctica como consecuencia de una revelación directa; y el sentimiento de muchos de aquellos que la obedecieron fue que les había sido mandado divinamente que así lo hicieran. Durante diez años, después de haberse introducido el matrimonio plural en Utah como práctica de la Iglesia, no hubo ninguna ley que se opusiera a la práctica. Sin embargo, empezando en 1862, se establecieron estatutos federales que declaraban ilícita la práctica y estipulaban las sanciones correspondientes. La Iglesia dijo que estas leyes eran anticonstitucionales y consiguientemente nulas, pues violaban la disposición de la Constitución Nacional que prohibía que el gobierno decretara leyes respecto del establecimiento de cualquiera religión o el libre ejercicio de ella. Se apeló repetidas veces a la Corte Suprema, y por fin se dictó un fallo que declaró estas leyes constitucionales y por lo mismo, vigentes. De modo que por conducto de su presidente, la Iglesia cesó la práctica del matrimonio plural, y anunció su intención de ello al mundo, solemnemente fijando la responsabilidad del cambio sobre la nación cuyas leyes habían hecho forzosa la renunciación. La Iglesia, reunida en conferencia, ha aprobado y confirmado este hecho por voto oficial”


Artículo 13 Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes, virtuosos y en hacer bien a todos los hombres; en verdad, podemos decir que seguimos la admonición de Pablo: Todo lo creemos, todo lo esperamos; hemos sufrido muchas cosas, y esperamos poder sufrir todas las cosas. Si hay algo virtuoso, bello, o de buena reputación o digno de alabanza, a esto aspiramos[19].

La Amplitud de Nuestra Fe debe llamar la atención de todo el que sinceramente investiga los principios que la Iglesia enseña, y más todavía del que imparcialmente observa los resultados que se manifiestan en el modo de vivir típico de los Santos de los Últimos Días. Dentro de los límites de la Iglesia hay lugar para toda la verdad, para todo lo que es loable, virtuoso, agradable o de buena reputación.

La ley de los diezmos, que la Iglesia actualmente observa, es, después de todo, solamente una ley menor dada por el Señor como consecuencia de las debilidades, envidia, codicia y avaricia humanas que impidieron a los santos aceptar los principios más elevados, conforme a los cuales el Señor quería que viviesen.

El matrimonio, en la estimación de los Santos de los Últimos Días, ha sido decretado por Dios, y tiene como fin ser una relación eterna de los sexos. Para esta gente no representa simplemente un contrato temporal cuya eficacia terminará con la existencia mortal de los contrayentes, sino un convenio solemne que ha de continuar más allá de la tumba. La ordenanza completa del matrimonio requiere que el hombre y la mujer hagan convenio de fidelidad mutua no solamente "hasta que la muerte os separe," sino "por tiempo y por toda la eternidad".

El Día de Reposo. — La Iglesia acepta el domingo como el día de reposo cristiano y proclama la santidad de ese día. Admitimos sin argumento que bajo la ley mosaica se había designado y se observaba el séptimo día como el día santo, y que el cambio de sábado a domingo fué una particularidad de la administración apostólica que siguió al ministerio personal de Jesucristo. De mayor importancia que la designación de este o aquel día de la semana, es la realidad del día de reposo semanario que debe observarse como día de especial y particular devoción en el servicio del Señor

Como predicarle a los mormones[20]

“Digo a todo el mundo, reciban la verdad, no importa quién se las presente. Tomen la Biblia, comparen la religión de los Santos de los Últimos días con ella, y vean si resistirá la prueba” Brigham Young. Segundo presidente de los mormones.

El primer fundamento de los mormones es que José Smith es un verdadero profeta (Dt 18:22). Pero una cosa interesante de la vida de Smith es que el pidió sabiduría a Dios (basado en Santiago 1:5) cuando no era creyente ¿Cómo Dios le va dar sabiduría a un inconverso?

1) El supuesto cumplimiento de las profecías en José Smith son malas interpretaciones de las Escrituras (Apo 14:6; Mal 4; Eze 37:16; Efe 1:10; Hechos 3:19-21) 2) José Smith profetizo cosas que no sucedieron: A) “grandes juicio viniendo sobre la tierra… en esta generación”. B) La ciudad de la nueva Jerusalén y su templo era edificada en su generación”. 3)  José Smith torció las Escrituras y promovió la falsa doctrina como la poligamia. En conclusión podemos decir que José Smith es un falso profeta que enseña otro evangelio (Gal 1:8-9)

En el articulo 1 declaran que Dios Padre tiene cuerpo humano basado en varios pasajes (Gen 3:8; Exo 6:6; 33:20, 22-23; 34:5)  pero las Escrituras nos dice que Dios es Espíritu (Jn 4:24) y un espíritu no tiene carnes ni huesos (Luc 24:39) Por tanto cuando la Biblia habla de Dios con “manos” “pies” “ojos” etc. son antropomorfismos. Esta palabra proviene del griego “antropos” que significa “hombre” y “monphe” que significa “forma[21]”. Esto quiere decir que la Biblia nos habla en este lenguaje para explicarnos de manera humana lo que Dios hace. El rechazo que ellos hacen a la declaración del concilio del Nicea también los aleja de una visión ortodoxa de la trinidad.

En el articulo 2 rechazan contienen un mal entendimiento del libre albedrio y además promueven la falsa doctrina del aniquilacionismo. Las Escrituras nos enseñan que tenemos un libre albedrio pero guiado por nuestra naturaleza (Rom 3:10-18)  y que la condenación es eterna (Mt 25:46)

En el artículo 3 se expresa la idea de la muerte de Jesús por todos los hombres (incluyendo Judas) y su poca efectividad para salvarlos. Pero las Escrituras nos muestran que Cristo murió y salvo eficazmente a sus escogidos (Jn 6:37,44)

En el articulo 4 ponen a la fe y el arrepentimiento como algo que el ser humano y Dios realizan juntos (sinergismo) además creen que el bautismo es necesario para la salvación, tanto el de los vivos como de los muertos (Mt 16:16; Hechos 2:38; 1 Cor 15:29) Pero las Escrituras enseñan que la salvación es solamente por la obra de Cristo (Rom 3:20; 5:1; Efe 2:8-9; Tito 3:5)

En el artículo 5 afirman que solo aquellos que tengan la autoridad de Dios directa (como José Smith) son quienes pueden predicar y administrar las ordenanzas. Esto supone la idea de la “restauración de la iglesia” lo cual viene después de la apostasía de la iglesia. Según ellos la apostasía haría que el cristianismo se desvié completamente de la doctrina de los apóstoles (Hch 20:29,30; 2 Tes 2:3,4; 2 Tim 3:1-5) y luego ellos traerían la “restauración” profetizada. Esta idea considera que Dios permitió que dejará de existir su iglesia por 20 siglos y que no hubo ninguna persona salva.

En el artículo 6 se habla de dos tipos de sacerdocios (Aarónico y Melquisedec) El sacerdocio de Aarónico lo basan en los siguientes textos (Num 23:13; Mal 3;3; Heb 5:4; 7:11) El sacerdocio de Melquisedec (no encontré versículos) Toda esta interpretación mormona se hace por una mala interpretación de Hebreos 7 donde el autor hace una comparación entre los sacerdocios aarónico y de Melquisedec y dice que el sacerdocio de Melquisedec reemplazo al de Aarón porque Cristo es el sumo sacerdote. También afirman la existencia de apóstoles en la actualidad[22]. El termino apóstol aparece 81 veces en el Nuevo testamento y su sentido básico es “enviado”. En el sentido estricto se usa para los doce apóstoles (Mc 3:13; Hch 1:2) que fueron enseñados por Jesús y mandados directamente por él (Mt 10:1; 28:19-20) Además ellos 12 van a ser quienes van a juzgar a Israel (Mt 19:28; Luc 22:30) es por eso que era “necesario” escoger un reemplazo para Judas (Hechos 1:21-22) Basado en este fundamento es que la iglesia perseveró en la “doctrina de los apóstoles” (Hechos 2:42) y edificaba sobre el fundamentos de los apóstoles y profetas” (Efe 2:20) y defendía la fe una vez dada a los santos (Judas 3) Finalmente el nombre de los 12 apóstoles estarán sobre los cimientos del muro de la nueva Jerusalén (Apo 21:12-14)

En el artículo 7 sostienen la existencia de lenguas, profecías, revelación, visiones, sanidades al igual que el primer siglo. Este artículo está conectado con el anterior porque si no existen más apóstoles ni profetas en el sentido del Antiguo o Nuevo testamento no puede haber más revelación y el canon de las Escrituras está terminado (Dt 4.2; 12:32; Prov 30:6; Apo 22:19) Por supuesto alguno podría argumentar que estos pasajes son solo para esos libros, pero las preguntas que seguirían son ¿Entonces porque las Escrituras nos mandan a perseverar, defender y guardar la fe una vez dada a los santos? ¿Si no hay apóstoles quien está autorizado para darnos una revelación? ¿Si la revelación actual se contradice con las Escrituras a quien debemos creerle? Respecto al tema de los dones la iglesia cristiana está dividida entre los cesacionistas[23] y continuistas.[24] Pero de todas maneras ambos creen que no hay revelación de igual manera que los apóstoles y lo único que puede existir es iluminación del Espíritu para entender más profundamente las Escrituras.

En el artículo 8 dicen que aceptan la Biblia y el libro del mormón como la palabra de Dios. La Biblia afirma una y otra vez ser la palabra de Dios. La frase “así dice el Señor aparece 3,808 en el Antiguo testamento y los apóstoles citaron 295 veces las palabras del Antiguo testamento y explicaron su significado en Cristo[25]. Todos los cristianos afirmamos que la Biblia no tiene errores en sus manuscritos originales pero que las traducciones tienen errores. Jesús prometió revelar toda la verdad a los apóstoles (Jn 14:26; 16:13; 2 Pedro 1:3) y el “misterio” fue revelado a ellos (Rom 16:25-26; Efe 3:9-10) ¿Se puede afirmar lo mismo del libro del mormón? El libro del mormón afirma que hay profecías en la Biblia sobre su existencia. 1) Gen 49:22-26 dicen que se refiere una profecía respecto a la emigración de los Israelitas a América. Pero este pasaje se refiere a los beneficios materiales que los hijos de Jacob iban a experimentar en la tierra prometida. 2) Salmos 85:11 dicen que la “justicia” allí se refiere al libro del mormón. El Salmo recuerda lo que Dios ha hecho con su pueblo (la bondad, la prueba y la futura restauración) pero no tiene ninguna relación con un supuesto “libro” a futuro. Además si “justicia” significa el libro del mormón ¿Qué significa verdad? 3) Isaías 29:4; 11. El contexto de este pasaje trata de que Dios va a destruir la ciudad (Ariel) y que la condición espiritual es tan mala que no podían leer lo que Dios haría. 4) Ezequiel 37:15-20 El contexto de este pasaje es la cautividad en Babilonia y habla de la restauración que Dios hará en la tierra de palestina uniendo a la tribus. Nuevamente no hay nada en el texto que se refiera a un supuesto libro. Por tanto podemos concluir que las supuestas profecías bíblicas sobre el libro del mormón son malas interpretaciones. A diferencia de la Biblia el libro del mormón si contiene errores. Dice que Jesús nació en Jerusalén (Alma 7:10) inventa ideas sobre la Cena del Señor (Nefi 18:1-9) El libro del mormón habla de que el Espíritu Santo vino a las Américas antes de la venida de Cristo (Jn 7:39;  16:7; Hechos 1:8) el libro del mormón ataca la suficiencia de la Biblia (Nefi 29:6) Establecieron la iglesia antes de Jesús (Mosiah 18:17) tenían el nombre cristiano antes de la venida de Cristo (Alma 46:15) El libro del mormón habla de plantas y animales que no existían en aquella época en América como Maíz y Cebada (Mosiah 7:22) granos frutos, cabras, caballos (Enos 1:21) vaca, buey cabra (1 Nefi 18:25) Acero (Eter 7:9) Cemento (Helaman 3:11) A la luz de todo esto podemos concluir que el libro del mormón es un libro falso.

En el artículo 9 sostiene que la revelación continúa en el día de hoy y que la Biblia no es suficiente. Esta afirmación es problemática porque 1) Habría que afirmar que hay apóstoles hoy en día. 2) Habría que sostener un canon abierto. 3) La doctrina podría cambiar en cualquier momento con alguna revelación. Sin embargo las Escrituras nos alientan perseverar de los apóstoles (Hechos 2:42)  examinarlo todo (1 Tes 5:21) a que las Escrituras nos capacitan (2 Tim 3:16-17) y que tenemos la palabra profética más segura (2 Pedro 1:19-21)

En el artículo 10 sostienen la restauración del pueblo de Israel (las 10 tribus) y el regreso personal de Jesús. Los mormones toman las profecías que hablaban de la dispersión de Israel (Dt 28:63-65) y dicen que en esa época del rey Sedequías Nefi recibió una visita de Dios que le hablaba de la destrucción de Jerusalén y el y su familia salieron rumbo a las Américas. Por tanto el “recogimiento” como lo llaman los mormones es parte del propósito de la “restauración” que ellos predican. En la iglesia cristiana hay dos posiciones respecto a la restauración. 1) La restauración literal de Israel (Rom 11; Dispenacionalismo o milenio) 2) La restauración simbólica del Israel Espiritual (Efe 2:14; Gal 6:16) pero sin duda ninguno de ellos tiene que ver con la doctrina de la restauración que los mormones sostienen.


[1] La doctrina de la salvación. Bruce R. McConkie (3 tomos). James E. Talmage. Artículos de Fe.
[2] James E. Talmage. Artículos de Fe. Página 9
[3] James E. Talmage. Artículos de Fe. Página 12-13
[4] James E. Talmage. Artículos de Fe. Página 17-24
[5] La doctrina de la salvación. Bruce R. McConkie. Volumen 1. Página 3.
[6] James E. Talmage. Artículos de Fe. Páginas 20-21
[7] James E. Talmage. Artículos de Fe. Páginas 23.
[8] James E. Talmage. Artículos de Fe. Páginas 25- 32.
[9] James E. Talmage. Artículos de Fe. Páginas 33- 40
[10] James E. Talmage. Artículos de Fe. Capítulos 5 y 9 Páginas 41-71
[11] James E. Talmage. Artículos de Fe. Capítulos 10. Páginas 72-78
[12] James E. Talmage. Artículos de Fe. Capítulos 10. Páginas 79-85
[13] James E. Talmage. Artículos de Fe. Páginas 86-92

[14] James E. Talmage. Artículos de Fe. Capitulo 13, 14 y 15. Páginas 93-114
[15] James E. Talmage. Artículos de Fe. Páginas 115- 120

[16]  James E. Talmage. Artículos de Fe. Capítulos 17-21. Páginas 121- 150
[17] James E. Talmage. Artículos de Fe. Páginas 151-157
[18] James E. Talmage. Artículos de Fe. Páginas 158-163
[19] James E. Talmage. Artículos de Fe. Páginas 164-173
[20]Algunos  argumentos son sacados de estos libros:   Bill H. Reeves. Notas para el debate sobre el mormonismo. Jerald y Sandra Tanner. El mundo cambiante del mormonismo. Vicente Jara y Jorge Nuñez. Los mormones ¿De verdad sabes quiénes son?
[21] http://www.miapic.com/antropoformismo-dios-se-relaciona-con-nosotros-en-terminos-humanos
[22] Augustus Nicodemus. Apóstoles. La verdad bíblica sobre el apostolado.
[23] Un ejemplo John Macarthur. Fuego extraño.
[24] Un ejemplo Michael Brown. Fuego autentico.
[25] https://sdejesucristo.org/asi-dice-dios-gracia/

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