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miércoles, 28 de agosto de 2019

Cosmovision cristiana y Familia. Parte 2


La bendición de los hijos y su crianza

El propósito del matrimonio es glorificar a Dios en todo lo que hacemos. Nuestra confesión Bautista de 1689 en el capítulo 25 “Del matrimonio” enumera 3 propósitos del Matrimonio: Para la ayuda mutua, para la multiplicación del género humano y para evitar la impureza.[1]. El primer propósito ya lo vimos así que ahora solo veremos el segundo y tercero. El tercero tiene que ver con que si alguien no tiene el don de continencia debe casarse y deben tener relaciones sexuales regulares en el matrimonio para evitar la impureza y la tentación (1 Cor 7:3-5)

El segundo propósito del matrimonio es tener hijos. Desde la perspectiva bíblica tener hijos o tener muchos hijos era una bendición de Dios (Gen 1:28; 9:1; Sal 127:3-5; 128: 3-4) El libro “Una teología de la familia” escribe[2]:

“No cabe duda de que los padres deberían reconocer a Dios en cada hijo que les da. Gran parte de su providencia se manifiesta en dar y no dar hijos. Encontramos con mucha frecuencia en las Escrituras, cantos de agradecimiento en otras ocasiones. Es una de las cosas en las que Dios quiere que su bondad sea reconocida con alabanzas solemnes. Por cada hijo ¡Dios debiera recibir una nueva honra de los padres! ¡Oh! ¡Sera una gran felicidad ser padres de los serán herederos de la gloria! Así como los hijos deben ser considerados como una gran bendición, también deben serlo como una gran responsabilidad que, según se maneje, puede producir mucho gozo o mucho dolor. Si los padres los consienten demasiado, los convertirán en ídolos, no en siervos del Señor, si descuidan su educación o los contaminan con su ejemplo, resultaran serles cruces y maldiciones”

Aunque los hijos son una bendición también son pecadores desde su nacimiento (Sal 51:1; 58:3) y por tanto se les debe enseñar a los hijos a obedecer la palabra de Dios para que lleguen a honrar a sus padres y conozcan a Cristo (Dt 6:6-9; Prov 1: 8; Efe 6:1-3; Col 3:20) El libro “Una teología de la familia” escribe[3]

“Lo primero que implica educar a los hijos para Dios, es tener conciencia y una convicción sincera, de que son propiedad de él, hijos de él más bien que nuestros. Nos encarga su cuidado por un tiempo, con el mero propósito de formarlos de la misma manera como ponemos a nuestros hijos bajo el cuidado de maestros humanos con el mismo propósito. A pesar de lo cuidadoso que seamos para educar a los hijos, no podemos decir que los educamos para Dios, a menos que creamos que son de él porqué, si creemos que son exclusivamente nuestros, los educaremos para nosotros mismos y no para él. Saber que son de él es sentir profundamente y estar convencido de que él tiene un derecho soberano de hacer con ellos lo que quiere y de quitárnoslos cuando el disponga”

“Es aquí donde entra en juego, específicamente, el pensamiento y la enseñanza cristiana. Que sus hijos tienen que ser criados en el conocimiento del Señor Jesucristo como Salvador y Señor, deben ser siempre una prioridad en la mente de los padres cristianos. Esta es la tarea singular a la cual, solo los padres cristianos son llamados. No es únicamente su tarea suprema: Su mayor anhelo y ambición para sus hijos debe ser que conozcan al Señor Jesucristo como su Salvador y como su Señor. ¿Es esa la mayor ambición para nuestros hijos? ¿Tiene prioridad el que llegue a conocer a aquel cuyo conocimiento es vida eterna, que lo conozcan como su Salvador y que lo sigan como su Señor[4]?”

“Primero y principal, criar a los hijos “en disciplina y amonestación del Señor” es algo que deben hacer los padres y hacerlo en el hogar. Este es el énfasis a lo largo de la Biblia. No es algo a ser entregado en la escuela, por más buena que sea. Es la obligación de los padres, su principal y esencial obligación. Es responsabilidad de ellos y no deben deslindarse de ella pasándoselas a otros. Enfatizo esto porque todos sabemos muy bien lo que ha estado sucediendo los últimos años. Más y más, los padres están transfiriendo sus responsabilidades y obligaciones a las escuelas[5]

Los padres son quienes deben trasmitir la fe cristiana por medio de la disciplina pero deben hacerlo con sumo cuidado para que sus hijos no se exasperen (Efe 6:4; Col 3:21) El libro “Una teología de la familia” escribe[6]

“No podemos aplicar una disciplina verdadera, a menos que podamos poner en practica nosotros mismos dominio propio y autodisciplina… Las personas que están llenas del Espíritu siempre se caracterizan por su control. Cuando disciplina usted a un niño, primero tiene que controlarse a sí mismo. Si trata de disciplinar a su hijo cuando ya perdió la paciencia ¿Qué derecho tiene de decirle a su hijo que necesita disciplina cuando resulta obvio que usted mismo la necesita? Tener dominio propio, controlar el mal genio es un requisito esencial para controlar a otros.

El hombre es la “cabeza del hogar” (1 Cor 11:3) y por tanto debe guiar y gobernar a su familia con santidad, sabiduría y ejemplo piadoso (1 Tim 3:4; Tito 1:6) El libro “Una teología de la familia” escribe[7]

Padre de familia, si quieres que sus enseñanzas y amonestaciones a su familia tengan éxito, hágalas respetar por el poder de un ejemplo santo. No basta que usted sea piadoso en general, sino que debe serlo totalmente; no solo debe ser un verdadero discípulo, sino uno excelente, no solo un creyente sincero, sino uno consecuente. Sus normas religiosas tienen que ser muy altas. Me atrevo a dar este consejo a algunos padres. Hablen menos acerca de su fe cristiana a sus hijos, sino demuestran más de su influencia. Dejen a un lado la oración familiar, sino dejan a un lado los pecados familiares. Tengan cuidado de cómo actúan porque todas sus acciones son vistas en el hogar. Nunca hablen de la fe cristiana sino es con reverencia”

“Se un buen marido para tu esposa, un buen padre para tus hijos y que sea el amor el que domine todo tu gobierno, para que tu familia pueda descubrir con facilidad que obedecerte es algo en su propio beneficio. El interés y el amor propio son regidores naturales del mundo. Es, asimismo, la forma más eficaz de procurar la obediencia o cualquier otro bien, el hacer que los hombres perciban que es para su propio provecho y emplear su amor propio de forma que ellos puedan ver que el beneficio es para ambos. Si no les procuras bien alguno y eres amargado, descortés y de puño cerrado con ellos, pocos se dejaran gobernar por ti[8]

La mujer virtuosa era una mujer que se preocupaba por sus hijos (Prov 31:27-29) El rol de la mujer está fuertemente vinculado con la casa y su maternidad es muy influyente sobre la vida de los hijos (1 Tim 2:15; Tito 2:4-5) “Una teología de la familia” escribe:[9]

“Una madre que lo es en realidad, es uno de los secretos más sagrados para la felicidad en el hogar. Dios nos da muchas cosas hermosas en este mundo, muchos dones admirables, pero no hay bendición que sea mejor que aquella que nos otorga al darnos una madre que ha aprendido muy bien las lecciones del amor y que reconoce algo del significado de su vocación sagrada”

“Las madres deberían instruir a sus hijos en los principios de la fe cristiana y sembrar las semillas de la piedad en sus corazones, tan pronto como sean capaces de hablar y tener el uso de la razón (Dt 6:6-7) Una educación en la fe cristiana temprana es un bendito medio de gracia. Esto, no solo es deber de los padres, quienes deberían enseñar a sus hijos (Prov 4:3-4) sino de las madres; cuando los hijos son demasiados pequeños ellas deberían ir dejando caer algo para beneficio de su alma. Salomón, no solo tuvo la lección de su padre, sino la profecía que su madre le enseño[10] (Prov 31:1; 1:8)

En las Escrituras tenemos ejemplos de padres que no cumplieron con esa labor (1 Sam 2:12-17) padres que si lo hicieron pero sus hijos se desviaron (1 Sam 8:1-3) o hijos que llegaron al evangelio por la influencia de su madre y abuela (Hech 16:1; 2 Tim 1:5) Por tanto debemos ser cuidadosos a pensar que un hogar piadoso hará a los hijos piadosos o que de un hogar incrédulo jamás podrá salir alguien piadoso. La verdad es que todo esto depende de la soberanía de Dios. Los Padres (o esposos) también deben honrar a sus padres sustentándoles cuando sea necesario (Gen 2:24; Ex 20:12; 1 Tim 5:3; 7-8; 16)

La Consumación de la Familia

La familia que es redimida en Cristo es reunida en este mundo en la gran familia de la fe (Gal 6:10) en el cuerpo de Cristo (1 Cor 12:12-27) y está siendo santificada por la palabra de Dios (Juan 17:17) para que finalmente en las bodas del cordero todas ellas se unan en adoración al Señor (Apo 19:7-9). El libro “Una teología de la familia” escribe[11]:

“No es accidental que toda la historia de la redención se exprese en términos de familia. La Biblia comienza con el matrimonio entre Adán y Eva (Gen 2:20-24) y termina con la cena de las bodas del Cordero, donde la esposa, la iglesia, se casa con su esposo (Apo 19:7-9) La historia del amor de Cristo por su Iglesia se ilustra con la figura de un esposo salvando a una esposa, dando su vida por ella, amándola, santificándola y glorificándola”

Finalmente como cristianos nos vamos a reunir todos en Cristo y seremos una gran familia para siempre.



[1] https://chapellibrary.org:8443/pdf/books/lbcos.pdf
[2] Editado por Jeff Pollard y Scott T. Brown. Una teología de la familia. Página 336.
[3] Editado por Jeff Pollard y Scott T. Brown. Una teología de la familia. Página 194
[4] Editado por Jeff Pollard y Scott T. Brown. Una teología de la familia. Página 197
[5] Editado por Jeff Pollard y Scott T. Brown. Una teología de la familia. Página 198
[6] Editado por Jeff Pollard y Scott T. Brown. Una teología de la familia. Página 213
[7] Editado por Jeff Pollard y Scott T. Brown. Una teología de la familia. Página 233
[8] Editado por Jeff Pollard y Scott T. Brown. Una teología de la familia. Página 260
[9] Editado por Jeff Pollard y Scott T. Brown. Una teología de la familia. Página 287
[10] Editado por Jeff Pollard y Scott T. Brown. Una teología de la familia. Página. 290.
[11] Editado por Jeff Pollard y Scott T. Brown. Una teología de la familia. Página. 16
                                

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