Pensar el mundo a través de las Escrituras...

jueves, 17 de mayo de 2018

Entendiendo y predicando a los Católicos romanos Parte 2


3. Los mandamientos (O vida de fe)

En la primera sección de este capítulo el catecismo trata sobre la dignidad de la persona humana[1]. La dignidad de la persona humana está en la creación de Dios a imagen y semejanza, aunque por causa del pecado su naturaleza esta herida con el pecado original. Pero Cristo nos ha librado de Satán y del pecado[2]. Los seres humanos tenemos el deseo de la felicidad (la bienaventuranza) pero solamente en Cristo encontramos esa felicidad.

“Porque Dios nos ha puesto en el mundo para conocerle, servirle y amarle, y así ir al cielo. La bienaventuranza nos hace participar de la naturaleza divina (2 P 1, 4) y de la Vida eterna (cf Jn 17, 3). Con ella, el hombre entra en la gloria de Cristo (cf Rm 8, 18) y en el gozo de la vida trinitaria”[3]

Según la iglesia católica el hombre es libre y busca a Dios voluntariamente.

“Dios ha creado al hombre racional confiriéndole la dignidad de una persona dotada de la iniciativa y del dominio de sus actos. “Quiso Dios “dejar al hombre en manos de su propia decisión” (Si 15,14.), de modo que busque a su Creador sin coacciones y, adhiriéndose a Él, llegue libremente a la plena y feliz perfección[4]

Luego se analiza la moralidad de los actos humanos[5] de las pasiones[6] de la conciencia.[7] El hombre tiene 4 virtudes humanas o cardinales que son la prudencia, justicia, fortaleza y templanza[8].

“Las virtudes humanas adquiridas mediante la educación, mediante actos deliberados, y una perseverancia, mantenida siempre en el esfuerzo, son purificadas y elevadas por la gracia divina. Con la ayuda de Dios forjan el carácter y dan soltura en la práctica del bien. El hombre virtuoso es feliz al practicarlas[9]

Las virtudes teologales son la fe, la esperanza y la caridad[10] La definición del pecado según la iglesia católica es:

“El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. Ha sido definido como “una palabra, un acto o un deseo contrarios a la ley eterna[11]

La iglesia católica hace una distinción entre pecado mortal y venial:

Conviene valorar los pecados según su gravedad. La distinción entre pecado mortal y venial, perceptible ya en la Escritura (cf 1Jn 5, 16-17) se ha impuesto en la tradición de la Iglesia. La experiencia de los hombres la corroboran.”

El pecado mortal destruye la caridad en el corazón del hombre por una infracción grave de la ley de Dios; aparta al hombre de Dios, que es su fin último y su bienaventuranza, prefiriendo un bien inferior.

El pecado venial deja subsistir la caridad, aunque la ofende y la hiere[12].

Según la iglesia católica existen los pecados capitales[13]:

“Los vicios pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen, o también pueden ser referidos a los pecados capitales que la experiencia cristiana ha distinguido siguiendo a san Juan Casiano (Conlatio, 5, 2) y a san Gregorio Magno (Moralia in Job, 31, 45, 87). Son llamados capitales porque generan otros pecados, otros vicios. Son la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula, la pereza”.

El capitulo 2 habla sobre la comunidad humana[14] en donde habla del carácter comunitario de la persona humana y el principio de la subsidiaridad[15]

“La socialización presenta también peligros. Una intervención demasiado fuerte del Estado puede amenazar la libertad y la iniciativa personales. La doctrina de la Iglesia ha elaborado el principio llamado de subsidiariedad. Según éste, “una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándole de sus competencias, sino que más bien debe sostenerle en caso de necesidad y ayudarle a coordinar su acción con la de los demás componentes sociales, con miras al bien común”

Para la iglesia católica es importante la participación en la vida social y las autoridades establecidas por Dios.[16] Según la iglesia católica la justicia social involucraría el respeto por la dignidad de la persona, la igualdad y diferencias entre los hombres, la solidaridad humana, pero a la vez la condena de las desigualdades escandalosas[17]

El capítulo tercero de esta sección trata sobre la ley y la gracia[18] Según la iglesia católica el hombre tiene una ley moral natural dada por Dios por tanto universal. Esta ley se puede dividir en la ley antigua dada a Moisés para la preparación del evangelio y la ley nueva o ley evangélica revelada en Cristo[19] El artículo 2 trata sobre la gracia y la justificación[20].

“La primera obra de la gracia del Espíritu Santo es la conversión, que obra la justificación según el anuncio de Jesús al comienzo del Evangelio: “Convertíos porque el Reino de los cielos está cerca” (Mt 4, 17). Movido por la gracia, el hombre se vuelve a Dios y se aparta del pecado, acogiendo así el perdón y la justicia de lo alto. “La justificación no es solo remisión de los pecados, sino también santificación y renovación del interior del  hombre” (Concilio de Trento: DS 1528).

La justificación establece la colaboración entre la gracia de Dios y la libertad del hombre. Por parte del hombre se expresa en el asentimiento de la fe a la Palabra de Dios que lo invita a la conversión, y en la cooperación de la caridad al impulso del Espíritu Santo que lo previene y lo custodia:

«Cuando Dios toca el corazón del hombre mediante la iluminación del Espíritu Santo, el hombre no está sin hacer nada en absoluto al recibir aquella inspiración, puesto que puede también rechazarla; y, sin embargo, sin la gracia de Dios, tampoco puede dirigirse, por su voluntad libre, hacia la justicia delante de Él» [Concilio de Trento: DS 1525).

Según la iglesia católica la gracia de Dios capacita al hombre para creer y actuar en conjunto con la gracia de Dios infundida en el hombre[21]:

La gracia de Cristo es el don gratuito que Dios nos hace de su vida infundida por el Espíritu Santo en nuestra alma para sanarla del pecado y santificarla: es la gracia santificantedivinizadora, recibida en el Bautismo. Es en nosotros la fuente de la obra de santificación 

La gracia santificante es un don habitual, una disposición estable y sobrenatural que perfecciona al alma para hacerla capaz de vivir con Dios, de obrar por su amor. Se debe distinguir entre la gracia habitual, disposición permanente para vivir y obrar según la vocación divina, y las gracias actuales, que designan las intervenciones divinas que están en el origen de la conversión o en el curso de la obra de la santificación.
El articulo 3 trata sobre la iglesia como madre y maestra en donde nos habla del deber y autoridad que tiene el papa y el magisterio, de los mandamientos de la iglesia (son 5) y de vida moral y misionera[22]

3.2 Los 10 mandamientos

La segunda sección de los mandamientos (o vida de fe) trata acerca de los 10 mandamientos[23]. Según la iglesia católica el primer mandamiento es amar a Dios y servirle, por tanto se debe dar culto por medio de la única religión verdadera que es la católica romana:

“El deber de rendir a Dios un culto auténtico corresponde al hombre individual y socialmente considerado. Esa es “la doctrina tradicional católica sobre el deber moral de los hombres y de las sociedades respecto a la religión verdadera y a la única Iglesia de Cristo”. Al evangelizar sin cesar a los hombres, la Iglesia trabaja para que puedan “informar con el espíritu cristiano el pensamiento y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en la que cada uno vive” Deber social de los cristianos es respetar y suscitar en cada hombre el amor de la verdad y del bien. Les exige dar a conocer el culto de la única verdadera religión, que subsiste en la Iglesia católica y apostólica. Los cristianos son llamados a ser la luz del mundo. La Iglesia manifiesta así la realeza de Cristo sobre toda la creación y, en particular, sobre las sociedades humanas[24].

Según la iglesia católica este primer mandamiento condena la superstición, idolatría, adivinación, magia, la irreligión como el ateísmo o el agnosticismo.[25]

Sin embargo, ya en el Antiguo Testamento Dios ordenó o permitió la institución de imágenes que conducirían simbólicamente a la salvación por el Verbo encarnado: la serpiente de bronce (cf Nm 21, 4-9; Sb 16, 5-14; Jn 3, 14-15), el arca de la Alianza y los querubines (cf Ex 25, 10-12; 1 R 6, 23-28; 7, 23-26).

2131 Fundándose en el misterio del Verbo encarnado, el séptimo Concilio Ecuménico (celebrado en Nicea el año 787), justificó contra los iconoclastas el culto de las sagradas imágenes: las de Cristo, pero también las de la Madre de Dios, de los ángeles y de todos los santos. El Hijo de Dios, al encarnarse, inauguró una nueva “economía” de las imágenes.

2132 El culto cristiano de las imágenes no es contrario al primer mandamiento que proscribe los ídolos. En efecto, “el honor dado a una imagen se remonta al modelo original” (San Basilio Magno, Liber de Spiritu Sancto, 18, 45), “el que venera una imagen, venera al que en ella está representado” (Concilio de Nicea II: DS 601; cf Concilio de Trento: DS 1821-1825; Concilio Vaticano II: SC 125; LG 67). El honor tributado a las imágenes sagradas es una “veneración respetuosa”, no una adoración, que sólo corresponde a Dios:
«El culto de la religión no se dirige a las imágenes en sí mismas como realidades, sino que las mira bajo su aspecto propio de imágenes que nos conducen a Dios encarnado. Ahora bien, el movimiento que se dirige a la imagen en cuanto tal, no se detiene en ella, sino que tiende a la realidad de la que ella es imagen» (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 81, a. 3, ad 3).

Según la iglesia católica el segundo mandamiento es “No tomar en falso el nombre de Dios”.

2142 El segundo mandamiento prescribe respetar el nombre del Señor. Pertenece, como el primer mandamiento, a la virtud de la religión y regula más particularmente el uso de nuestra palabra en las cosas santas.

Según la iglesia católica este mandamiento significa no abusar del nombre de Dios que es santo. Por tanto toda blasfemia, falso juramento están condenados.[26]

Según la iglesia católica el tercer mandamiento es recordar el día sábado para santificarlo.

2168 El tercer mandamiento del Decálogo proclama la santidad del sábado: “El día séptimo será día de descanso completo, consagrado al Señor” (Ex 31, 15).

Según la iglesia católica esto se debe a que es un memorial de la creación, de la liberación y un signo de la alianza hecha con su pueblo. El día cambio al domingo porque Jesús resucito el primer día de la semana. Los cristianos deben buscar usar ese día de descanso y de servicio entre los hermanos[27]

Según la iglesia católica el cuarto mandamiento es honrar al Padre y a la madre.

2197 El cuarto mandamiento encabeza la segunda tabla. Indica el orden de la caridad. Dios quiso que, después de Él, honrásemos a nuestros padres, a los que debemos la vida y que nos han transmitido el conocimiento de Dios. Estamos obligados a honrar y respetar a todos los que Dios, para nuestro bien, ha investido de su autoridad.

Según la iglesia católica la familia es el plan de Dios para la sociedad e incluye los deberes de los padres hacia los hijos y el de los hijos hacia los padres. Este mandato también nos muestra la importancia que tiene este orden para el reino de Dios y para el reflejo de la autoridad en la sociedad[28].

Según la iglesia católica el quinto mandamiento es No mataras.

2258 “La vida humana ha de ser tenida como sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae,  intr. 5).

Según la iglesia católica la vida debe ser vista como sagrada porque viene de Dios. Esta defensa a la vida no invalida la legítima defensa sino que este mandamiento condena el homicidio directo y voluntario. En esta categoría esta el aborto, la eutanasia, el suicidio. La guerra es condenada pero en algunos casos es permitida. El uso, acumulación y producción de armas es algo condenable ya que en vez de colaborar con la paz incentiva a la guerra[29].

Según la iglesia católica el sexto mandamiento es No cometerás adulterio. La sexualidad humana es algo integral en el ser humano.

Corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia y la complementariedad físicas, morales y espirituales, están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar. La armonía de la pareja humana y de la sociedad depende en parte de la manera en que son vividas entre los sexos la complementariedad, la necesidad y el apoyo mutuos[30].

Según la iglesia católica se condena toda práctica sexual ilícita como fornicación, pornografía, prostitución, violación, homosexualidad, adulterio, divorcio, incesto El matrimonio se debe vivir en fidelidad y el propósito del matrimonio son los hijos que son una bendición del Señor. Algunas personas están llamadas a la castidad por el Señor[31]

Según la iglesia católica el séptimo mandamiento es No robar.

2401 El séptimo mandamiento prohíbe tomar o retener el bien del prójimo injustamente y perjudicar de cualquier manera al prójimo en sus bienes. Prescribe la justicia y la caridad en la gestión de los bienes terrenos y de los frutos del trabajo de los hombres. Con miras al bien común exige el respeto del destino universal de los bienes y del derecho de propiedad privada. La vida cristiana se esfuerza por ordenar a Dios y a la caridad fraterna los bienes de este mundo.

Según la iglesia católica este mandamiento habla del respeto de la propiedad privada, aunque la autoridad política puede regular en función del bien común. Este mandamiento condena los sueldos injustos, la especulación de precios, esclavizar seres humanos, la explotación de la creación. La doctrina social de la iglesia condena el comunismo como el capitalismo.

2425 La Iglesia ha rechazado las ideologías totalitarias y ateas asociadas en los tiempos modernos al “comunismo” o “socialismo”. Por otra parte, ha rechazado en la práctica del “capitalismo” el individualismo y la primacía absoluta de la ley de mercado sobre el trabajo humano (cf CA 101344). La regulación de la economía por la sola planificación centralizada pervierte en su base los vínculos sociales; su regulación únicamente por la ley de mercado quebranta la justicia social, porque “existen numerosas necesidades humanas que no pueden ser satisfechas por el mercado” (CA 34). Es preciso promover una regulación razonable del mercado y de las iniciativas económicas, según una justa jerarquía de valores y con vistas al bien común.

Por tanto la justicia y ayuda es responsabilidad de los individuos y de las naciones para con los pobres del mundo[32].

Según la iglesia católica el octavo mandamiento es no dar falso testimonio contra el prójimo.

2464 El octavo mandamiento prohíbe falsear la verdad en las relaciones con el prójimo. Este precepto moral deriva de la vocación del pueblo santo a ser testigo de su Dios, que es y que quiere la verdad. Las ofensas a la verdad expresan, mediante palabras o acciones, un rechazo a comprometerse con la rectitud moral: son infidelidades básicas frente a Dios y, en este sentido, socavan las bases de la Alianza.

Según la iglesia católica debido a que Dios es la verdad el cristiano debe vivir en la verdad y hablar la verdad. Por tanto todo falso testimonio, calumnia, falsa adulación o mentira está condenada. Aunque la mentira es un pecado venial puede llegar a ser mortal cuando hace un daño más grande.  Esto incluye a los medios de comunicación, los cuales deben expresar la verdad sobre los hechos que ocurren[33].

Según la iglesia católica el noveno mandamiento es No codiciar la mujer de tu prójimo.

2514 San Juan distingue tres especies de codicia o concupiscencia: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida (cf 1 Jn 2, 16 [Vulgata]). Siguiendo la tradición catequética católica, el noveno mandamiento prohíbe la concupiscencia de la carne; el décimo prohíbe la codicia del bien ajeno.

Según la iglesia católica este mandamiento manda a mantener la pureza del corazón mediante la intención, la mirada y el pudor[34].

Según la iglesia católica el decimo mandamiento es No codiciar nada del prójimo.

2534 El décimo mandamiento desdobla y completa el noveno, que versa sobre la concupiscencia de la carne. Prohíbe la codicia del bien ajeno, raíz del robo, de la rapiña y del fraude, prohibidos por el séptimo mandamiento. La “concupiscencia de los ojos” (cf 1 Jn 2, 16) lleva a la violencia y la injusticia prohibidas por el quinto precepto (cf Mi 2, 2). La codicia tiene su origen, como la fornicación, en la idolatría condenada en las tres primeras prescripciones de la ley (cf Sb 14, 12). El décimo mandamiento se refiere a la intención del corazón; resume, con el noveno, todos los preceptos de la Ley.

Según la iglesia católica este mandamiento condena los “deseos desordenados” de la carne como la avaricia, la envidia por los bienes de mi prójimo[35].

4) La oración del creyente

Este es el 4 pilar de la iglesia católica romana en el cual nos dice que la oración es un don de Dios en el cual mantenemos nuestra comunión con Dios[36] La oración ha sido importante desde el Antiguo testamento[37] como en el Nuevo testamento[38] y en la vida de la iglesia católica romana.[39] El catolicismo describe varias expresiones de oración como la oración vocal, meditación, oración contemplativa[40]. La oración es un combate en el cual se lucha contra la distracción, sequedad, falta de fe, perseverancia, etc.[41]

4.2 La oración del Padre Nuestro

Según la iglesia católica la oración del Padre nuestro es el resumen de todo el evangelio:

2761 “La oración del Señor o dominical es, en verdad el resumen de todo el Evangelio” (Tertuliano, De oratione, 1, 6). «Cuando el Señor hubo legado esta fórmula de oración, añadió: “Pedid y se os dará” (Lc 11, 9). Por tanto, cada uno puede dirigir al cielo diversas oraciones según sus necesidades, pero comenzando siempre por la oración del Señor que sigue siendo la oración fundamental» (Tertuliano, De oratione, 10).

Según la iglesia católica esta oración es el corazón de las Escrituras porque el Señor les enseña a sus discípulos a dirigirse a su Padre y la iglesia debe imitarla[42]

2779 Antes de hacer nuestra esta primera exclamación de la Oración del Señor, conviene purificar humildemente nuestro corazón de ciertas imágenes falsas de “este mundo”. La humildad nos hace reconocer que “nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar”, es decir “a los pequeños” (Mt 11, 25-27). La purificación del corazón concierne a imágenes paternales o maternales, correspondientes a nuestra historia personal y cultural, y que impregnan nuestra relación con Dios. Dios nuestro Padre transciende las categorías del mundo creado. Transferir a Él, o contra Él, nuestras ideas en este campo sería fabricar ídolos para adorar o demoler[43]

Luego de dirigirnos al Padre humildemente tenemos 7 peticiones con las cuales podemos dirigirnos a él.

2803. Después de habernos puesto en presencia de Dios nuestro Padre para adorarle, amarle y bendecirle, el Espíritu filial hace surgir de nuestros corazones siete peticiones, siete bendiciones. Las tres primeras, más teologales, nos atraen hacia la Gloria del Padre; las cuatro últimas, como caminos hacia Él, ofrecen nuestra miseria a su gracia. “Abismo que llama al abismo[44]

El primer grupo de peticiones tiene que ver con “Su Nombre”, “Su Reino”, “Su Voluntad”. El segundo grupo de peticiones tiene que ver con peticiones relacionadas con nosotros “Danos”, “Perdónanos” “No nos dejes”, “Líbranos”[45].

La primera petición: Santificado sea tu nombre

2807 El término “santificar” debe entenderse aquí, en primer lugar, no en su sentido causativo (solo Dios santifica, hace santo) sino sobre todo en un sentido estimativo: reconocer como santo, tratar de una manera santa. Así es como, en la adoración, esta invocación se entiende a veces como una alabanza y una acción de gracias (cf Sal 111, 9; Lc1, 49). Pero esta petición es enseñada por Jesús como algo a desear profundamente y como proyecto en que Dios y el hombre se comprometen. Desde la primera petición a nuestro Padre, estamos sumergidos en el misterio íntimo de su Divinidad y en el drama de la salvación de nuestra humanidad. Pedirle que su Nombre sea santificado nos implica en “el benévolo designio que Él se propuso de antemano” (Ef 1, 9) para que nosotros seamos “santos e inmaculados en su presencia, en el amor” (Ef 1, 4).

Según la iglesia católica el nombre santo de Dios se revelo en Cristo (Mt 1:21; Luc 1:31; Jn 17:6) es por medio del bautismo que el creyente es santificado (1 Cor 6:11) y nos llama a la santidad (1 Tes 4:7; 1 Cor 1:30) y la oración para que su nombre sea santificado por todas las naciones del mundo.

La segunda petición: Venga a nosotros tu reino

2816 En el Nuevo Testamento, la palabra basileia se puede traducir por realeza (nombre abstracto), reino (nombre concreto) o reinado (de reinar, nombre de acción). El Reino de Dios es para nosotros lo más importante. Se aproxima en el Verbo encarnado, se anuncia a través de todo el Evangelio, llega en la muerte y la Resurrección de Cristo. El Reino de Dios adviene en la Última Cena y por la Eucaristía está entre nosotros. El Reino de Dios llegará en la gloria cuando Jesucristo lo devuelva a su Padre

Según la iglesia católica la oración se trata de la venida final de Cristo, pero eso no significa que debemos distraernos de la misión que tenemos en este mundo.

Tercera petición: Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo

2822 La voluntad de nuestro Padre es “que todos los hombres [...] se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1 Tm 2, 3-4). El “usa de paciencia [...] no queriendo que algunos perezcan” (2 P 3, 9; cf Mt 18, 14). Su mandamiento que resume todos los demás y que nos dice toda su voluntad es que “nos amemos los unos a los otros como él nos ha amado” (Jn 13, 34; cf 1 Jn 3; 4; Lc 10, 25-37).

Según la iglesia católica por medio de esta oración podemos discernir la voluntad de Dios en nuestras vidas (Rom 12:2) y así podemos entrar al reino de Dios haciendo la voluntad de Dios (Mt 7:21)

Cuarta petición: Danos hoy nuestro pan de cada día

2828 “Danos”: es hermosa la confianza de los hijos que esperan todo de su Padre. “Hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos” (Mt 5, 45) y da a todos los vivientes “a su tiempo su alimento” (Sal 104, 27). Jesús nos enseña esta petición; con ella se glorifica, en efecto, a nuestro Padre reconociendo hasta qué punto es Bueno más allá de toda bondad.

Según la iglesia católica el Padre que nos da la vida también nos provee del alimento necesario para vivir. El nos da los bienes espirituales y materiales (Mt 6.25-34) Esto significa que como cristianos tenemos la obligación de preocuparnos de quienes no tienen el pan material y de disfrutar el pan celestial en el sacramento de la  eucaristía. 

Quinta petición: Perdona nuestras ofensas como nosotros también perdonamos a los que nos ofenden.

2838 Esta petición es sorprendente. Si sólo comprendiera la primera parte de la frase, —“perdona nuestras ofensas”— podría estar incluida, implícitamente, en las tres primeras peticiones de la Oración del Señor, ya que el Sacrificio de Cristo es “para la remisión de los pecados”. Pero, según el segundo miembro de la frase, nuestra petición no será escuchada si no hemos respondido antes a una exigencia. Nuestra petición se dirige al futuro, nuestra respuesta debe haberla precedido; una palabra las une: “como”.

Según la iglesia católica esta petición nos llama a practicar el perdón entre los hermanos (Mt 18:23-35) y por tanto a mostrarnos el amor unos a otros (Jn 13:34) y a perdonar a nuestros enemigos (Mt 5:43-44)

Sexta petición: No nos dejes caer en tentación

2846 Esta petición llega a la raíz de la anterior, porque nuestros pecados son los frutos del consentimiento a la tentación. Pedimos a nuestro Padre que no nos “deje caer” en ella. Traducir en una sola palabra el texto griego es difícil: significa “no permitas entrar en” (cf Mt26, 41), “no nos dejes sucumbir a la tentación”. “Dios ni es tentado por el mal ni tienta a nadie” (St 1, 13), al contrario, quiere librarnos del mal. Le pedimos que no nos deje tomar el camino que conduce al pecado, pues estamos empeñados en el combate “entre la carne y el Espíritu”. Esta petición implora el Espíritu de discernimiento y de fuerza.

Según la iglesia católica el Espíritu Santo nos ayuda discernir entre la prueba necesaria para el crecimiento y la tentación que conduce al pecado y la muerte. Así como Jesucristo venció por medio de la oración la tentación, así mismo debemos vencer las tentaciones por medio de la oración (Mt 4:11; 26:36-44)

Séptima petición: Y líbranos del mal

2850 La última petición a nuestro Padre está también contenida en la oración de Jesús: “No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno” (Jn 17, 15). Esta petición concierne a cada uno individualmente, pero siempre quien ora es el “nosotros”, en comunión con toda la Iglesia y para la salvación de toda la familia humana. La Oración del Señor no cesa de abrirnos a las dimensiones de la Economía de la salvación. Nuestra interdependencia en el drama del pecado y de la muerte se vuelve solidaridad en el Cuerpo de Cristo, en “comunión con los santos” (cf RP 16).

Según la iglesia católica esta petición es una petición para que nos guarde de Satanás el padre de mentiras (Jn 8:44)  y nos libre de todos los males pasados, presentes y futuros pues el mundo entero está bajo el maligno (Jn 5:18-19)

Análisis de la doctrina católica romana en los mandamientos y en las oraciones

Después de ver estos  últimos dos pilares de la iglesia católica romana que son  1) Los mandamientos y 2) Las oraciones podemos analizar cómo podemos predicarles a ellos.
Antes de ver directamente los mandamientos, podemos ver varias doctrinas católicas romanas que no están fundadas en las Escrituras. Por ejemplo que el hombre es libre para buscar a Dios (Rom 3:10) que existe el pecado mortal y venial (1Juan 5:16-17) Los pecados “capitales” (soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula, la pereza) La idea de la gracia (Sinergismo) y justificación que tienen.

En el caso de los mandamientos, el primer problema es el orden de los mandamientos. El orden de ellos es 1) Amaras a Dios sobre todas las cosas. 2) No usaras el nombre de Dios en vano. 3) Santificaras el día del Señor. 4) Honraras a tu Padre y a tu Madre. 5) No mataras. 6) No cometerás adulterio. 7) No robaras. 8) No darás falso testimonio contra tu prójimo. 9) No codiciaras la mujer de tu prójimo. 10) No codiciaras el bien ajeno de tu prójimo. ¿Es este el orden bíblico? Éxodo 20:1-17 y Deuteronomio 5:1-21 1) No tendrás dioses ajenos delante de mí. 2) No te harás imagen. 3) No tomaras el nombre de Dios en vano. 4) Acuérdate del día de reposo. 5) Honra a tu Padre y a tu Madre. 6) No mataras. 7) No cometerás adulterio. 8) No robaras. 9) No hablaras contra tu prójimo falso testimonio. 10) No codiciaras.

El catolicismo romano convenientemente ha establecido que el primer mandamiento no es (aunque según ellos lo incluye) el adorar dioses falsos, sino que es amar a Dios. Además ha desechado el mandamiento de no hacerse imagen ni adorarlas y para poner llegar a 10 mandamientos ha dividido el ultimo (No codiciaras) en dos mandamientos que obviamente eran uno.

El segundo problema es con el segundo mandamiento. Ellos lo omiten como mandamiento pero dicen que la adoración a las imágenes está condenada en el primer mandamiento. Afirman que ellos no adoran a las imágenes sino que ellos “veneran” a las imágenes. Para argumentar este punto el católico romano hace tiene diferentes grados de “adoración[46]”. El primer grado de adoración en lo cual solo se adora a Dios es la “Latria”. El segundo grado en el cual se puede venerar a la virgen Maria es la “Hiperdualia”. El tercer grado en el cual se puede venerar a los santos es la “dulia”.

2129 El mandamiento divino implicaba la prohibición de toda representación de Dios por mano del hombre. El Deuteronomio lo explica así: “Puesto que no visteis figura alguna el día en que el Señor os habló en el Horeb de en medio del fuego, no vayáis a prevaricar y os hagáis alguna escultura de cualquier representación que sea...” (Dt 4, 15-16). Quien se revela a Israel es el Dios absolutamente Trascendente. “Él lo es todo”, pero al mismo tiempo “está por encima de todas sus obras” (Si 43, 27- 28). Es la fuente de toda belleza creada (cf. Sb 13, 3).

2130 Sin embargo, ya en el Antiguo Testamento Dios ordenó o permitió la institución de imágenes que conducirían simbólicamente a la salvación por el Verbo encarnado: la serpiente de bronce (cf Nm 21, 4-9; Sb 16, 5-14; Jn 3, 14-15), el arca de la Alianza y los querubines (cf Ex 25, 10-12; 1 R 6, 23-28; 7, 23-26).

2131 Fundándose en el misterio del Verbo encarnado, el séptimo Concilio Ecuménico (celebrado en Nicea el año 787), justificó contra los iconoclastas el culto de las sagradas imágenes: las de Cristo, pero también las de la Madre de Dios, de los ángeles y de todos los santos. El Hijo de Dios, al encarnarse, inauguró una nueva “economía” de las imágenes.

2132 El culto cristiano de las imágenes no es contrario al primer mandamiento que proscribe los ídolos. En efecto, “el honor dado a una imagen se remonta al modelo original” (San Basilio Magno, Liber de Spiritu Sancto, 18, 45), “el que venera una imagen, venera al que en ella está representado” (Concilio de Nicea II: DS 601; cf Concilio de Trento: DS 1821-1825; Concilio Vaticano II: SC 125; LG 67). El honor tributado a las imágenes sagradas es una “veneración respetuosa”, no una adoración, que sólo corresponde a Dios:
«El culto de la religión no se dirige a las imágenes en sí mismas como realidades, sino que las mira bajo su aspecto propio de imágenes que nos conducen a Dios encarnado. Ahora bien, el movimiento que se dirige a la imagen en cuanto tal, no se detiene en ella, sino que tiende a la realidad de la que ella es imagen» (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 81, a. 3, ad 3).

El problema con su explicación son varios. En primer lugar, aunque en el Antiguo testamento se hacían figuras e imágenes en el templo su propósito NO era para que sea venerado, sino simplemente era la sombra de las cosas celestiales que ahora en Cristo están claras (Hebreos 8:4-6). En segundo lugar la palabra “venerar” incluye adoración en español[47] En tercer lugar el “mandato de venerar imágenes” no viene de las Escrituras sino de la tradición que contradice las Escrituras. En cuarto lugar no tenemos ningún ejemplo de venerar imágenes en el Nuevo testamento. En quinto lugar el “venerar a imágenes” solo ha producido la idolatría de los pueblos. En sexto lugar hablar de que “venerar imágenes” es igual a la foto de tu familia o admirar a un cuadro no es lo mismo.













[1] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3_sp.html
[2] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a1_sp.html
[3] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a2_sp.html
[4] Punto 1730 http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a3_sp.html
[5] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a4_sp.html
[6] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a5_sp.html
[7] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a6_sp.html
[8] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a7_sp.html
[9] Punto 1810 http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a7_sp.html
[10] Punto 1812 al 1829 http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a7_sp.html
[11] Punto 1849 http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a8_sp.html
[12] Punto 1854 http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a8_sp.html
[13] Punto 1866 http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c1a8_sp.html
[14] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c2_sp.html
[15] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c2a1_sp.html
[16] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c2a2_sp.html
[17] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c2a3_sp.html
[18] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c3_sp.html
[19] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c3a1_sp.html
[20] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c3a2_sp.html
[21] Punto 1999 y 2000 http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c3a2_sp.html
[22] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c3a3_sp.html
[23] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2_sp.html
[24] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c1a1_sp.html
[25] Punto 2111 al 2128 http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c1a1_sp.html
[26] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c1a2_sp.html
[27] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c1a3_sp.html
[28] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c2a4_sp.html
[29] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c2a5_sp.html
[30] Punto 2333 http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c2a6_sp.html
[31] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c2a6_sp.html
[32] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c2a7_sp.html
[33] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c2a8_sp.html
[34] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c2a9_sp.html
[35] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c2a0_sp.html
[36] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p4s1_sp.html
[37] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p4s1c1a1_sp.html#ART%C3%8DCULO%201%20EN%20EL%20ANTIGUO%20TESTAMENTO
[38] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p4s1c1a2_sp.html
[39] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p4s1c1a3_sp.html
[40] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p4s1c3a1_sp.html
[41] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p4s1c3a2_sp.html
[42] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p4s2a1_sp.html
[43] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p4s2a2_sp.html
[44] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p4s2a3_sp.html
[45] http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p4s2a3_sp.html
[46] James G. McCarthy. El Evangelio según roma. Página 168.
[47] http://dle.rae.es/srv/search?m=30&w=venerar

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