Pensar el mundo a través de las Escrituras...

viernes, 22 de junio de 2018

Lucas 18:9-14 Orando con humildad




Para la humanidad el tema de la justicia siempre ha sido un tema de interés para los pensadores o filósofos a través de la historia[1]. Esto se debe a que como los seres humanos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios (Gen 1:26-28) tenemos el deseo de justicia en el corazón. Pero ese deseo de justicia del corazón está infectado con el pecado por tanto puede convertirse en un engaño del corazón (Jer 17:19) ya que se puede llegar a pensar que nosotros como seres humanos podemos llegar a ser justos por nuestras propias obras.  En el siglo 16 este engaño estaba extendido por todo el mundo occidental pues el catolicismo afirmaba que por medio de las buenas obras uno puede ser justo delante de Dios. Fue en esa época que un monje agustino llamado Martin Lutero iba a redescubrir que la justificación delante de Dios no era por medio de las obras sino por medio de la obra de Cristo[2].

“Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito; Más el justo por la fe vivirá” Romanos 1:17

Esto llego a ser tan importante para la iglesia que se acuño el termino que decía que la justificación por la fe es el articulo por el cual la iglesia se mantiene o cae.[3] Para nosotros como evangélicos ha sido siempre muy importante mantener la doctrina de la justificación por la fe, ya que desviarse seria simplemente pasar a ser un anatema que distorsiona la verdad revelada de Dios (Gal 1:6-10) En estos tiempo la doctrina de la justificación por la fe es atacada directamente por las falsas religiones que ponen su confianza en sus obras (catolicismo, judaísmo, islamismo) o por movimientos teológicos que afirman cosas como “la doctrina no importa sino solo el amor” “debes amarte a ti mismo” “eres hijo del rey” “eres un campeón”, etc. Todas estas enseñanzas son peligrosas porque ponen su confianza en las obras de las personas y no en la obra de perfecta de nuestro Señor Jesucristo.

Lucas 18:9 Confiar en sí mismo y despreciar a otros

Este pequeño comentario es la introducción a lo que Jesucristo va a enseñarnos por medio de una parábola. La expresión confiando en si mismo expresa la idea de una permanente confianza que nunca desvanece[4]. La Biblia nos da advertencias sobre confiar en nosotros mismos:

“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia” Proverbios 3:5
“El que confía en su propio corazón es necio; mas el que camina en sabiduría será librado” Proverbios 28:26

El confiar en nosotros mismos no solamente es necio sino que además trae orgullo a nuestro corazón y nos desvía de confiar en el único que es digno de confianza que es el Señor. En el mundo actual no hay doctrina más explotada que la idea de la confianza en uno mismo. Miren como lo expresa este autor[5].

“No mires a los demás; mírate a ti mismo. Y deja que salga lo que hay en tu interior, aunque corras riesgos. No existe mayor riesgo que la represión. Si te reprimes, perderás todo entusiasmo, todo apetito por la vida. Perderás toda tu vida si sigues reprimiendo cosas. Es algo tóxico, que envenena al ser”

“LA CONFIANZA solo es posible si primero confías en ti mismo. Lo fundamental ha de ocurrir primero en tu interior. Si confías en ti mismo, podrás confiar en los demás, en la existencia, pero si no es así, no hay posible confianza en nada”

Lamentablemente también tenemos nuestra propia versión evangélica de esta filosofía entre algunas iglesias. Si queremos ver cuáles son los resultados de confiar en ti mismo podemos revisar la historia de la caída donde Adán y Eva quisieron confiar en sí mismos y terminaron cayendo en pecado (Gen 3) La actitud y las oraciones que tengamos delante de Dios también reflejan nuestro corazón para con Dios. No debemos acercarnos al Señor como si él nos debería algo sino que con humildad reconociendo su gran misericordia y bondad. Esto es lo que ilustrará esta parábola.

Lucas 18:10 Dos hombres subieron al templo a orar

La parábola que conto Jesús comienza relatando la historia de dos hombres que suben al templo a orar. Varios comentaristas hablan de que esto se trata de una oración privada en el templo[6], pero es más adecuado debido al contexto judío del medio oriente del primer siglo entenderlo como una oración publica parte de la adoración pública.[7] Parte del problema viene porque el verbo “orar” lo asociamos con la adoración privada y ver el verbo “adorar” lo asociamos con la adoración publica. Pero en el Evangelio de Lucas tenemos dos ejemplos en donde se nos habla de la adoración pública relacionada con la oración.

“Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del incienso” Lucas 1:10

“diciéndoles: Escrito está: Mi casa es casa de oración; más vosotros lo habéis hecho casa de ladrones”. Lucas 19:46 (citando Isaías 56:7)

En el libro de los Hechos nos encontramos que las primeras practicas que los cristianos hacían y vemos que ellos practicaban la perseverancia en la doctrina, comunión, partimiento del pan y las oraciones (Hechos 2:42). La palabra “oraciones” es sinónimo de “adoración en comunidad.[8]” Los judíos tenían tres horarios para orar que eran las 9 de la mañana (la hora tercera) el medio día (la hora sexta) y las 3 de la tarde[9] (la hora decima) y los apóstoles siguieron por un tiempo participando de estas oraciones de adoración pública (Hechos 3:1) Un experto en el judaísmo del primer siglo llamado Shmuel Safradi[10] explica:

“Muchos judíos subían al templo cada día para participar en la adoración, para recibir la bendición sacerdotal que se pronunciaba al final del culto, y para orar mientras se quemaba el incienso[11]

Por tanto es claro que estos dos hombres iban a orar durante la adoración comunitaria que se realizaba en el pueblo. Esta adoración comunitaria se realizaba dos veces en el día y consistía en el sacrificio de un cordero por los pecados del pueblo. Luego de eso se quemaba el incienso en durante esa quema los fieles oraban al Señor por sus agradecimientos y peticiones pues ahora podían acercarse al trono del Señor.[12]

La primera persona que oraba era un fariseo. Los fariseos era una secta judía que apareció entre la cautividad babilónica y la revuelta de los Macabeos. Aunque el origen exacto es incierto se cree que un término que los definiría bien es “los separados”, es decir separados de impurezas y contaminación.[13] Ellos poseían un conjunto de interpretaciones y tradiciones de la ley que llevaban a cabo con un estricto rigor. La mayoría de estas leyes se centraban la observancia del Sabat, los lavamientos de manos y el relacionarse con pecadores.[14] Jesús fue acusado de no guardar el día sábado. Lucas 6:1-2

“Aconteció que un día de reposo, que pasando Jesús por los sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y comían, restregándolas con las manos. Y algunos de los fariseos le dijeron ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los días de reposo?

Jesús fue acusado de no lavarse las manos en Mateo 15:1-2

“Entonces se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén diciendo: ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan”

Jesús fue acusado de relacionarse con pecadores en Lucas 5:29-30

“Y Levi le hizo un gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban en la mesa con ellos. Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?

Como podemos ver los Fariseos eran personas que se consideraban “fieles interpretes de la ley” y por tanto creían tener la autoridad para decirle a otros que estaban pecando al no practicar la tradiciones.

La segunda persona que oraba era un publicano o recaudador de impuestos (NVI; NTV) este hombre era un empleado del imperio romano el cual recaudaba los impuestos para el mismo Imperio. Sus tareas incluían el cobro de diversos impuestos. Este sistema se prestaba para múltiples abusos, constantes extorciones y  varios robos como bien lo ilustra Zaqueo (Luc 19) Es por eso que los recaudadores de impuestos eran vistos como ladrones por todos. Cicerón consideraba este un trabajo vulgar por el odio que despertaba en las personas. Pero para el judío estricto el odio era mayor porque el judío publicano o recaudador de impuestos era ceremonialmente impuro por su continuo contacto con los gentiles y porque debía trabajar el día de reposo[15]. Además era visto como alguien que había traicionado a su propia patria trabajando para el Imperio romano que oprimía al pueblo romano, por tanto los fariseos consideraban que los publicanos no pueden ser considerados como testigos ni podían recibir algún puesto honorifico.[16] Es por eso que para los fariseos eran tan terrible ver a Jesús comiendo con publicanos y diciendo cosas como:

“De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios” Mateo 21:30

Para ellos era tan escandaloso pensar que alguien como Jesucristo que se decía maestro pudiera tolerar y enseñar este tipo de cosas. La gracia de Dios es siempre escandalosa para el fariseo y siempre maravillosa para el publicano. Al analizar la descripción de los personajes generalmente nos vemos a nosotros mismos como el publicano, pero ¿qué pasaría si realidad más bien somos como el fariseo? Por ejemplo en mis primeros años de cristiano recuerdo que yo oraba mucho y cuando veía que otros no lo hacían de igual manera que yo me enojaba. Mucho más aun cuando veía que Dios usaba a ese hermano que oro menos. Pero ¿Qué revelaba eso en mi corazón? Revelaba auto justicia. Yo me creía superior a los demás porque oraba más que los otros. Nosotros somos tan pecadores que aun las cosas santas se pueden convertir en pecado. La verdad es que nuestras oraciones puede estar llenar de orgullo en vez de humildad. Estas dos distintas oraciones son un claro ejemplo de esto.

Lucas 18:11-13 Dos diferentes oraciones

Ambas personas se encuentran en el templo en el momento de la adoración comunitaria donde se oían las oraciones de los que oraban. Por tanto el primero  en orar es el fariseo. Las versiones varían en algunos detalles: “Oraba consigo mismo de esta manera” (RV60) “Se puso a orar consigo mismo” (NVI) “De pie, apartado de los demás” (NTV) Si ponen atención hay dos diferentes en las cuales la frase se puede entender como “orando consigo mismo” u “orando apartado de los demás”. El tema surge porque en griego esta frase puede traducirse de ambas maneras. Debido al contexto en el cual se encuentra el fariseo (en el templo orando públicamente) y a la actitud que el tenia (verse puro ceremonialmente) es que sigo a la traducción que opta por “oraba apartado de los demás” Los fariseos como creían cumplir la ley se conocían como los “miembros” (haberim) en cambio los que no cumplían la ley eran conocidos como “la gente de la tierra” (am-haaretz) para ellos eran gente maldecida:

“Mas esta gente que no sabe la ley, maldita es” (Juan 9:49)

Para ellos la pureza ceremonial era tan importante que tan solo el roce, el sentarse o incluso el apoyarse en algo que un pecador tocará (publicano, ramera, leproso, etc) era algo pecaminoso.[17] Es por esto mismo que ellos oraban “apartado de los demás”. Veamos ahora el contenido de la oración del fariseo.

V 11-12 El fariseo comienza dirigiéndose a Dios dando gracias, es probable que esta acción de gracias sea un salmo ya que normalmente las oraciones comenzaban así[18]. Pero además de dar gracias las oraciones comenzaban con una confesión de pecados sin embargo el agradece “por no ser como los otros hombres”. Ya dijimos que allí en el templo había varias personas orando a Dios durante la adoración comunitaria, así que él puede estar diciendo que no es como los hombres que general que estaban en ese lugar o como el publicano que podía ver de lejos que también estaba orando. El fariseo comienza diciendo que el no es “un ladrón, injusto ni adultero” (RV60) “ladrones, malhechos, adúlteros” (NVI) “No engaño, no peco y no cometo adulterio” (NTV) El fariseo se compara según su propio estándar moral (auto justicia) pero ¿Qué tal si lo comparamos con el estándar de Dios? El no robar es claramente un mandamiento del Señor (Exo 20:15; Dt 5:19) Pero aunque los fariseos no robaban directamente habían encontrado formas muy ingeniosas de robar como por ejemplo cuando en vez de honrar a sus padres sosteniéndolos argumentaban que el dinero que tenían lo daban al templo y así quebrantaban el mandamiento de Dios (Mt 15:4-6) o cuando se encargaban de administrar los bienes de la viudas y las convencía de dar lo que tenían al templo para quedarse con algo de ganancia (Mc 12:40) ¿No acaso queda en evidencia que si roban?

También los fariseos se consideraban personas que no adulteraban, pues también era conocido por ellos el mandato de no cometer adulterio (Exo 20:14; Dt 5:18) Pero ¿Qué paso cuando Jesús le mostro el verdadero sentido de la ley en Mateo 5:28? ¡Todos son unos adúlteros! No era solamente el mandamiento externo lo que la ley de Dios condena sino la misma intención del corazón. Es por eso que Jesús en una ocasión les dijo:

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia” Mateo 23:25

El fariseo en su oración se cree superior a todos los hombres que estaban allí en la adoración comunitaria adorando pero especialmente se siente superior al publicano porque lo ve como un ladrón, injusto y adultero. Ahora, después de decir lo que él no es, comienza a recitar cuales son las obras que el supuestamente realiza para Dios. El fariseo ayunaba dos veces a la semana. El ayuno era algo que Dios había establecido hacer una vez al año en el día de la expiación (Lv 23:27) pero este hombre iba mucho más allá y ayunaba dos veces cada semana. Muchos de los más “piadosos” ayunaban sin agua, a pesar del peligro para la salud, dos días completa por semana (Lunes y Jueves)[19]. Según Safai esta era una práctica reservada solo para algunos círculos fariseos con sus discípulos[20]. Jesús mismo reprende a los fariseos porque ayunaban poniendo caras de sufrimiento y así mostrar su “justicia a los hombres” (Mt 6:16-18)

El fariseo diezmaba de todo lo que ganaba. Dios había ordenado el diezmo. Había 3 clases de diezmos diferentes. El diezmo para los levitas (Num 18:20-30; Lev 27:30) el diezmo de festividades nacionales (Dt 12:10-11; 17-18) y el diezmo para los pobres extranjeros, huérfanos y viudas (Dt 14:29; Lev 19:9-19) Para todos estos diezmos se debía diezmar el grano, el vino y el aceite (Lv 27:30; Num 18:27; Dt 12:17) pero con el tiempo se fue añadiendo que se debía diezmarse hasta lo más pequeño. Por tanto todos pagaban diezmos, pero el fariseo pagaba ¡Todos los diezmos! Es por eso que Jesús los reprende diciéndoles:

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! Porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la  fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello.

La reprensión de Jesús tiene que ver con que ellos se preocupaban de diezmar lo más pequeño y descuidaban lo más importante. En esta oración el fariseo presenta su “justicia propia” delante de Dios. ¿Cuál es la forma en la cual tú oras? ¿Le dices te doy gracias porque no soy como mis hermanos que faltan a las reuniones de oraciones, a evangelismo, a los cultos, a los tiempos de comunión? ¿Te presentas ante Dios comparándote con otros hermanos? ¿Cómo te diriges a Dios, expones lo que has hecho por él? ¿Le dices a Dios diciéndole todo lo obediente que has sido en sus mandatos? Nuestra auto justicia es tan sutil que incluso en afirmaciones como que “soy muy miserable” “soy tan pecador” puede haber orgullo por sentirte más pecador de los otros. O puede haber orgullo cuando decimos que las cosas las hacemos para la gloria de Dios cuando en verdad las hacemos para sentirnos como personas que hicieron algo para ser aceptado por Dios. Piensa en cuando has tenido una semana buena en donde has leído la Biblia y orado con regularidad ¿No es que te sientes más aceptado por Dios por eso? Pero cuando no has leído la Biblia y orado con regularidad ¿No es que te sientes menos aceptado por Dios? Pero ¿Cuál es la raíz de eso? La auto justicia y no el evangelio. Nuestras oraciones deben tener una dosis de arrepentimiento, adoración, y confianza en la obra de Cristo.

V13 El segundo en orar es el publicano. El publicano o recaudador de impuestos estaba a cierta distancia de donde se llevaba a cabo la adoración comunitaria porque era odiado por muchos de sus compatriotas y además como pecador no podía tocar (o rozar) a nadie porque lo dejaría ceremonialmente impuro. Algunas posturas que se usaban en la época eran cruzar las manos sobre el pecho y mantener la mirada agachada o de pie con los ojos y las manos alzadas al cielo.[21] Pero el publicano no mantiene ninguna de estas dos posturas sino que se golpeaba el pecho y no se sentía capaz ni de elevar los ojos al cielo. El golpearse en el pecho con el puño cerrado en el pecho era un gesto que se usaba en tiempos de angustia, rabia o intenso dolor. Se golpeaban en el pecho porque en el pecho esta el corazón el cual era la fuente de todos los pensamientos pecaminosos o de los dolores que se sentían.[22] Esto manifestaba una actitud de profundo arrepentimiento.

Algunas traducciones traducen ¡Oh Dios ten compasión de mi, que soy pecador! (NVI) ¡Oh Dios, ten compasión de mí, porque soy un pecador” (NTV) Aunque la frase tiene algo de suplica por la compasión o misericordia de Dios como comúnmente se entiende es mucho más que eso. Esto tiene que ver con lo que Dios había establecido y se llevaba a cabo en la adoración comunitaria en el templo (Levítico 16) Un autor nos relata cómo es la imagen del momento:

“Ve en primer lugar la matanza del cordero para el sacrificio y luego el sacerdote que entra en el santuario para quemar el incienso (Lc 1:9) En estos dos actos, los israelitas no eran unos meros observadores, porque se realizaban en el nombre del pueblo, al que el sacerdote representaba, para afirmar la relación diaria de Israel con su Dios, según el mandato divino; después los sacerdotes pronunciaban la bendición con las manos extendidas… y ponían el Nombre de Dios sobre los hijos de Israel… el pueblo se arrodillaba para recibir esta bendición… todo esto se hacía con la conciencia de que Dios en su misericordia iba aceptar la ofrenda, aceptando el sacrificio que se había llevado al altar[23]

La expiación había sido hecha (la eliminación de la culpa o el pecado) ahora lo que pedía el publicano era la propiciación por sus pecados (o sea el apaciguamiento de la ira de Dios sobre él y el cambio de relación de enemigo a amigo de Dios) Por tanto allí estaba el publicano, alejado de los demás justos, suplicando al Señor ¡Se propició a mi pecador! ¡Haz una propiciación para mí! ¡Cambia esta enemistad que hay entre tú y yo! ¡No permitas que tu ira caiga sobre mí! ¡Ten compasión de mí! ¡Ten compasión de mi miseria! Este debe ser parte del contenido de una oración humilde al Señor. Nos presentamos quebrantados ante un Dios todopoderoso, nos presentamos humildes ante un Dios Soberano, nos presentamos asombrados ante un Dios lleno de gracia y bondad. ¿Son así nuestras oraciones ante Dios?

Lucas 18:14 Dos diferentes resultados

¿Cuál es el resultado de estas dos oraciones? Uno de ellos es justificado mientras que el otro no lo es. El publicano ha sido justificado mientras que el publicano no. ¿Por qué? “Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido” (Rv60) “Pues todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido” (NVI) “Pues los que se exaltan a sí mismos serán humillados, y los que se humillan serán exaltados” (NTV) Este mismo principio se repite varias veces a través de las Escrituras (Mt 18:4; 23:12; Luc 14:11; 1 P 5:6) ¿Y qué significa? Significa que solo los que se humillen son quienes serán justificados y por ende enaltecidos. La justicia de Dios es un regalo otorgado por el sacrificio expiatorio de Cristo en la cruz y solo aquellos que confiesen sus pecados y su total incapacidad de alcanzar su salvación por sus obras son quienes van a recibir ese regalo de Dios. Por eso Pablo escribió:

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” Romanos 5:1

El sacrificio de Cristo no cubre a quien confía en su propia justicia. Por tanto la oración no puede consistir en jactarse en su piedad o en criticar a otros por la falta de esta, sino en dirigirse al Señor de forma humilde, confesando los pecados y exponiendo la necesidad del Señor. Nuestras oraciones deben estar llenas de humildad y alejadas del orgullo. La propia justicia distorsiona la visión de confiar solamente en obras de Cristo. Solo tenemos expiación, redención, salvación por medio de Cristo, solo tenemos acceso a Dios por la obra de Cristo, solo tenemos justificación por su obra. ¿Estás confiando esto? ¿Estás orando confiando en el evangelio?







[1] Un breve resumen de cómo se ha tratado en filosofía http://www.la-razon.com/index.php?_url=/la_gaceta_juridica/justicia-traves-filosofia_0_1823817671.html
[2] Especialmente en sus comentarios a Romanos y Gálatas.
[3] http://www.clir.net/pdf/boletin0502/0502jpreus_ladoctrinadejustificacion.pdf
[4] Darrell L. Bock. Comentario de Lucas. Página 396.
[5] Osho. La intimidad de uno mismo y del otro.
[6] William Hendriksen. Comentario de Lucas. Página 565. Darrell L. Bock. Comentario de Lucas. Página 396.
[7] Kenneth E. Bailey. Las parábolas de Lucas. Página 226.
[8] Kenneth E. Bailey. Las parábolas de Lucas. Página 227.
[9] Craig Keener. Comentario Cultural de la Biblia. Página 328.
[10] https://www.jerusalemperspective.com/author/shmuel-safrai/
[11] Citado por Kenneth Bailey. Las parábolas de Lucas. Página 228.
[12] Kenneth Bailey. Las parábolas de Lucas. Página 229.
[13] http://mb-soft.com/believe/tscm/pharisee.htm
[14] Nuevo Diccionario Bíblico Certeza. Página 496.
[15] Nuevo Diccionario Bíblico Certeza. Página 1124.
[16] Craig Keener. Comentario cultural del Nuevo testamento. Página 235
[17] Kenneth E. Bailey. Las parábolas de Lucas. Páginas 230-231.
[18] Darrell L. Bock. Comentario de Lucas. Página 397.
[19] Craig Keenner. Comentario cultural de la Biblia. Página 236.
[20] Kenneth E. Bailey. Las parábolas de Lucas. Página 236.
[21] Craig Kenner. Comentario cultural del Nuevo testamento. Página 236
[22]  Kenneth E. Bailey. Las parábolas de Lucas. Página 237
[23]  Kenneth E. Bailey. Las parábolas de Lucas. Página 239

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