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sábado, 31 de marzo de 2018

Reseña “El Reino de la gracia” Abraham Booth


Abraham Booth fue un Bautista que comenzó su vida cristiana en la iglesia Bautista General, donde fue bautizado.  Años más tarde cuando se haría ministro del evangelio, analizaría y creería las doctrinas de la gracia. Cuando tenía 33 años de edad y para mayor comprensión de esta doctrina escribiría este libro.

El comienza su libro diciendo que no pretende justificar el porqué escribió este libro, y si estas doctrinas son bíblicas entonces no le preocupa el rechazo del público[1]. En la introducción del libro el destaca que la iglesia primitiva “se dirigía al hombre como desdichado, culpable, condenado y muerto ante los ojos de Dios[2]” y que por tanto nosotros debemos predicar lo mismo hoy en día. En el primer capítulo él define lo que es la gracia.

“El favor eterno y absolutamente libre de Dios, favor que el muestra al dar las bendiciones eternas y espirituales a personas culpables de pecado e indignas de misericordia[3] 

Esta es la definición que Booth va a aplicar a varias etapas de la salvación como la elección, justificación, adopción, santificación, etc. En el segundo capítulo escribe que toda la salvación es por gracia y que nuestra seguridad se encuentra en la obra de realizo Cristo.

“En contraste a nuestros esfuerzos, la gracia de Dios está basada en la obediencia perfecta y valerosa de Cristo, la que asegura todo a nuestro favor, y el pecado no puede destruir la eficacia de ella[4]

Esto es asombroso ya que ni siquiera nuestro propio pecado puede quitarnos la seguridad que tenemos en Cristo. El tercer capítulo habla de la elección en donde reflexiona respecto al porque algunos se oponen a esta verdad.

“¿Por qué muchos se oponen tanto a esta verdad? A no ser que me equivoque grandemente, se debe a que ella ataca nuestro orgullo humano. Si la salvación resulta enteramente por la elección de gracia por parte de Dios, entonces no admite distinción entre personas para que una persona sea salva y otra no[5]

El creer en la salvación por gracia deja fuera cualquier capacidad humana para decir que la persona fue más “inteligente” para escoger a Dios, por tanto deja fuera cualquier orgullo humano. Booth en este capítulo responde a las típicas objeciones respecto a la elección. En el capitulo cuatro conecta la gracia con nuestro llamamiento y dice:

“Ser llamado por Dios es un acto de la gracia divina solamente. ¡Qué asombroso! Al pensar que Dios me distinguió y me llamo aunque no era diferente de los demás pecadores, dicho pensamiento tiene que llenarme el corazón de gratitud cristiana. Me llena con el fuerte deseo de obedecer piadosamente a Dios, y de servirle prontamente en Cristo Jesús[6]

Al saber que estoy llamado por un Dios lleno de gracia simplemente me queda adorarle con gratitud durante toda mi vida. En el capítulo cinco Booth habla de que el perdón proviene de la gracia de Dios que es libre, plena y eterna.

“¿Qué condiciones lleno Saulo de Tarso antes que de que Dios le perdonará? ¡Ninguna! El era enemigo de Dios. ¿Qué condiciones cumplió Zaqueo o la mujer samaritana o el carcelero de Filipo para obtener perdón? Ninguna. Ninguna de estas personas merecía el perdón. El perdón es un acto divino solamente[7]

Ningún ser humano puede ganarse el perdón de Dios porque ningún ser humano lo merece. En el capítulo seis trata sobre la justificación y la gracia y lo divide en dos partes. La primera parte son las pruebas de las Escrituras y la segunda los ejemplos de las Escrituras.

“Dios justifica solamente porque Él es el Dios de gracia. Lo vemos en las palabras “Siendo justificados gratuitamente por su gracia” (Rom 3:24) Estas palabras comprueban que la justificación es enteramente gratis sin tener en cuenta en lo más mínimo cualquier bien que hubiera hecho el pecador. Si las palabras no indican esto, no hay manera para expresar aquel pensamiento[8]

Booth argumenta que no hay otro sentido en el cual podamos entender que las palabras de Romanos acerca de la justificación. En el capítulo siete nos muestra como nuestra adopción es por gracia.

“Aquellos que Dios adopta eran sus enemigos. Eran rebeldes culpables. Estaban bajo sentencia de muerte. ¡Qué asombroso que los hijos de la ira llegaran a ser herederos de la gloria! ¡Qué hecho de gracia asombrosa[9]!

Resulta impresionante dimensionar que éramos hijo de tinieblas y ahora por la obra de Cristo hemos sido traslados al reino del amado hijo y coherederos con Cristo. El capitulo ocho nos habla del proceso de la santificación en el cual un creyente va creciendo por la gracia de Dios

“La gracia de Dios hacia los pecadores no es un pretexto para que permanezcan en la impiedad. Aunque la santidad no les da el derecho a la vida eterna, sin embargo los hijos de Dios deben tener muy presente que no hay prueba genuina de su salvación si en su vida hace falta el fruto de la santidad[10]

Una evidencia de una persona realmente escogida por el Señor es que el fruto de su vida es la santificación. El capitulo nueve expone como la gracia de Dios produce buenas obras.

“Observa muy bien, sin embargo, que las buenas obras nunca son la razón por la que Dios nos justifique. La justicia por la cual Dios nos justifica tiene que ser una justicia perfecta para ser aprobada ante el juicio de Dios. Pero aún las obras más buenas que hiciéramos son imperfectas. Ninguna de ellas podría justificarnos”[11]

Las buenas obras son simplemente los frutos de una buena obra perfecta que fue realizada por Cristo en la cruz del calvario. En el capitulo diez nos muestra como la gracia de Dios nos da seguridad.

“Tomando en cuenta todo esto, tenemos buena razón para estar de acuerdo con el apóstol Pablo quien dijo que cuando Dios inicia una obra, la perfeccionará con toda seguridad hasta el fin (Fil 1:6) los creyentes son las ramas de una viña que nunca se marchita. Son miembros de la cabeza quien nunca muere. Ellos viven, no por su propia vida, sino por la vida de Cristo[12]

La salvación que tenemos está segura porque está en las manos seguras de nuestro salvador. En el capitulo once trata sobre como la gracia de Dios es triunfante debido a las naturalezas de Cristo.

“Podemos, por tanto, abrigar la confianza más completa respecto a la excelencia de la obra de Cristo como Redentor, pues que estaba tan grandemente capacitado para dicha obra por ser persona única con dos naturalezas. La salvación dada por aquel Salvador tan excelente y dada por gracia, tiene que ser la mejor que existe. ¡La gracia reina[13]!

Cristo era el único mediador capaz de darnos la salvación debido a sus dos naturalezas perfectas. En el capitulo doce nos explica como Cristo triunfo en la cruz cumpliendo la ley de Dios.

“En otras palabras, la gracia de Dios nos llega, no porque Dios haga caso omiso de nuestra infracción de su santa ley, sino porque Cristo satisfizo plenamente esa ley mediante Sus hechos justos a nuestro favor. De esta manera, Dios sigue honrando su santa ley, y a la vez, puede mostrar Su gracia a los pecadores impíos por quienes Cristo murió[14]

Debido a que Cristo cumplió la ley de Dios es que los escogidos tenemos redención en él. En el capitulo trece nos habla acerca del propósito final de la gracia de Dios y como el creyente se deleitará plenamente de esa gracia después del muerte y resurrección.

“Así que, fue la gracia bondadosa de Dios que al principio designo el camino de la salvación y escogió a los impíos que debían recibirla. Fue la elección bondadosa de Dios que perdonó, justificó, adoptó y santificó a sus hijos. Fue el favor misericordioso de Dios que proveyó todas las bendiciones necesarias para nutrir y perseverar la vida espiritual de sus creyentes. Y finalmente es la voluntad amante de Dios que abre el cielo para el hogar eterno del creyente. La gracia de Dios ha sido central desde el principio hasta el fin[15]

Este libro de Abraham Booth nos recuerda que el Reino del Señor es un Reino de pura gracia y que como cristianos debemos deleitarnos en esa maravillosa gracia. Qué bien nos haría como Bautistas volver a recordar estas doctrinas de la gracia por las cuales muchos pastores bautistas piadosos fundamentaron sus vidas y ministerios.

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[1] Prefacio. Página 1
[2] Introducción. Página 4.
[3] Abraham Booth. El reino de la gracia. Página 7.
[4] Abraham Booth. El reino de la gracia. Página 10.
[5] Abraham Booth. El reino de la gracia. Página 14.
[6] Abraham Booth. El reino de la gracia. Página 31.
[7] Abraham Booth. El reino de la gracia. Página 34.
[8] Abraham Booth. El reino de la gracia. Página 41.
[9] Abraham Booth. El reino de la gracia. Página 52.
[10]  Abraham Booth. El reino de la gracia. Página 58
[11] Abraham Booth. El reino de la gracia. Página 62.
[12] Abraham Booth. El reino de la gracia. Página 68
[13] Abraham Booth. El reino de la gracia. Página 74
[14] Abraham Booth. El reino de la gracia. Página 77
[15] Abraham Booth. El reino de la gracia. Página 82-83

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