Pensar el mundo a través de las Escrituras...

miércoles, 20 de diciembre de 2017

El feminismo y la iglesia

El movimiento feminista[1]  



Es muy común caminar por las calles de Valparaíso y leer constantemente frases como “abajo el patriarcado” “no más heteropatriarcado” “mujeres libres” etc. Esto es porque hay una filosofía que esta predominando en nuestra cultura y se llama “feminismo”.

El origen de esta filosofía se cree que comenzó en la revolución francesa con una mujer llamada Olimpia de Gourges en su “Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadanía”[2] (1791) sin embargo otros postulan que comenzó con la inglesa Mary Wollstonecraft que publico una obra llamada “Una Vindicación de los derechos de la mujer” en 1792[3]. Pero con cualquiera que haya comenzado, lo cierto es ambas proponían igualdad civiles, políticas, laborales y educativas. En 1842 una pensadora llamada Flora Tristán publicaría un programa político en donde vincularía las vindicaciones de la mujer con las luchas obreras. En Estados Unidos se levantaría un movimiento feminista conocido como “las sufragistas” las cuales buscaban tener el mismo derecho que los hombres para votar, en este movimiento estuvieron mujeres como Lucretia Mott, Lucy Stone, Elizabeth Candy Staton. Este movimiento feminista se le conoce hoy en día como la primera “ola del feminismo” en donde la critica esencial está en la igualdad de ley entre hombres y mujeres.

La segunda “ola feminista” comienza después de la segunda guerra mundial con una filosofa francesa llamada Simone de Beauvoir la cual escribió un libro llamado “El segundo Sexo” publicado en 1949. La tesis central de este libro era la idea de que a la mujer se le ha asignado un rol de segunda clase en esta sociedad, por lo que no se le permitía asumir la responsabilidad en su vida. Ella dice:

la mujer debe ser obligada a proveer para sí misma…; el matrimonio debe estar basado en un acuerdo libre que los esposos puedan romper cuando quieran; la maternidad debe ser voluntaria, lo que significa que la contracepción y el aborto deben ser autorizados y que… todas las madres y sus hijos deben tener los mismos derechos, dentro y fuera del matrimonio; el estado debe proveer licencias para las embarazadas y asumir la responsabilidad de los hijos[4]

Otro libro que contribuyo a "la segunda ola" fue el de Betty Friedan llamado “La mística de la feminidad” (1963). En este libro ella seguía la misma tesis de Beauvoir y cuestionaba todo lo que se conocía tradicionalmente de mujer. Este movimiento va más allá que la primera ola y ahora cuestiona la sexualidad, la familia y el lugar de trabajo de la mujer.

La tercera “ola feminista” se cree que comenzó desde 1990 y se mantiene vigente hasta la actualidad. En este movimiento hay diversas ramas como la poscolonial, ecofeminismo, transexualidad, etc. Las propuestas filosóficas de este movimiento son diversas pero en general atacan a los hombres y consideran que el sistema es “patriarcal[5]”. La Rae[6] define el patriarcado[7] como “organización social primitiva en que la autoridad es ejercida por un varón jefe de cada familia, extendiéndose  este poder a los parientes aun más cercano”. Generalmente argumentan que hay violencia contra las mujeres y que hay desigualdades salariales entre hombres y mujeres.


El movimiento feminista en la teología

El primer trabajo feminista relacionado con el cristianismo es de un grupo de mujeres norteamericanas, lideradas por Elizabeth Candy Staton (1815-1902), las cuales se reunieron periódicamente para releer e interpretar las Escrituras con una nueva “conciencia femenina”. El resultado de estas reuniones fue una Biblia de la mujer (Woman´s Biblie) que causo mucho revuelo en Estados Unidos.[8] El primer trabajo feminista dentro de la iglesia fue expuesto por una mujer llamada Katherine Bliss en 1952[9]. Ella argumento que a pesar de que la mujer realiza muchas cosas en la iglesia, ellas no participan en puestos de liderazgos tales como la enseñanza, predicación o pastoras. Ella hizo un llamado a revaluar estas posturas. Debido a este escrito, el año siguiente (1953) se escribieron varios artículos sobre “el síndrome de las mujeres limitadas a los papeles de casa y esposa”. En 1961 el Consejo Mundial de Iglesias[10] repartió un panfleto titulado “En cuanto a la ordenación” llamado a las iglesias afiliadas a reexaminar sus creencias en cuanto a la ordenación femenina. Así es como este tema fue adoptado con muchas denominaciones cristianas. Los argumentos que ellas plantearon no fueron claros, sino que simplemente acusaban a la iglesia de “sexista” en este punto.

Las "cristianas feministas" tuvieron que argumentar de mejor manera sus puntos porque la historia cristiana mostraba que jamás han existido “mujeres en la ordenación de pastores”. Ellas simplemente dijeron que los padres de la iglesia, los reformadores y toda la historia cristiana estuvieron influenciados por el patriarcado. Luego comenzaron a argumentar desde la Biblia diciendo que la interpretación de Génesis donde se pone al hombre como autoridad es una mala interpretación (Gen 3:16) La tesis central de las feministas cristinas es que hay igualad entre hombres y mujeres (Gal 3:28). Con el tiempo se han sumado más argumentos bíblicos como poner ejemplos de mujeres importantes (Jueces 4 Debora; Ester) que Jesús tuvo discípulas (Mc 15:40-41) que hubo diaconisas (Rom 16:1) que  existió una “apostola” (Rom 16:7) que los dones Dios lo reparte como quiere (1 Cor 12:4-31).

Después de esta controversia nace la “teología feminista”. Esta teología se considera como una teología contextual porque nace a partir de las experiencias de las mujeres.[11] Entre las teólogas que destacan están Mary Daly, Phyllis Trible, Elizabeth Shussler Fiorenza, Rosemary Radford Ruether, Letty Rusell. Este movimiento de cristianas feministas se ha vuelto más radical hasta el punto de apoyar el lesbianismo. Por ejemplo en 1970 Kate Millet fue una líder feminista que admitió públicamente ser lesbiana y a partir de este momento existió el “movimiento lesbiano” dentro de la iglesia para presionar la ordenación de mujeres lesbianas al ministerio pastoral, así como también homosexuales. Lo interesante de todos estos movimientos es que los mismos argumentos que se usan para la ordenación femenina se usan para la aprobación de los homosexuales en la iglesia.


La feminización de la iglesia

Debido a la influencia del feminismo secular y “cristiano” la idea de los roles es algo muy olvidado dentro del cristianismo actual. De tal forma que dentro de la teología de hoy en día, existe un debate entre “egalitarismo” (iguales en todo sentido para Dios) y “complementarismo” (iguales espiritualmente, pero con roles diferentes). En muchas denominaciones cristianas es casi una herejía oponerse al ministerio femenino y debido a eso la iglesia está completamente feminizada. Esta es una de las razones porque se piensa que la iglesia se enfoca tanto en los sentimientos en vez que los pensamientos. Porque las iglesias son guiadas y dirigidas por mujeres y se está pensando más en lo que se “siente” en vez de lo que dice la Escritura. Un anciano llamado Brian M. Abshire[12] escribió un artículo llamado “hombres amanerados en el pulpito”[13] y él expresa lo siguiente:

“Un clero feminizado quiere decir que la iglesia no funciona bíblicamente. Una parte crucial de las responsabilidades de dominio del hombre es la adjudicación. Un hombre piadoso es alguien que resuelve problemas, enfocando su atención en los asuntos que están a su alcance. Las mujeres, por otra parte, creadas para un papel relacional, con frecuencia desean hablar de los problemas. Una queja común de las esposas es que “él no me habla” cuando en realidad lo que quiere decir es que él no quiere hablar acerca de problemas, él quiere resolverlos. Pero ella no necesariamente quiere que un problema sea resuelto; probablemente ya conozca la solución. Lo que quiere es relacionarse, y eso significa hablar, hablar y hablar… Cuando el clero está feminizado, los hombres tienden a tratar los problemas en la iglesia de la manera en que las mujeres atienden los problemas en el hogar, algo sobre lo cual hablar (me atrevo a decir, ¿algo sobre lo cual “lloriquear”?) pero no algo que debe ser resuelto. Como resultado los problemas tienden a hacerse más grandes y profundos, porque nadie quiere confrontar el pecado.

El argumento del autor es que  cuando tenemos un “clero” feminizado entonces tenemos una actitud “femenina” en la manera de tratar las cosas. Por lo que evitamos confrontar directamente a las personas en sus pecados. Esto es porque por naturaleza los hombres tendemos a ser más directos que las mujeres.

Segundo, los hombres feminizados no pueden soportar la presión. En lugar de asumir una posición por lo que es correcto y luego hacer lo que es correcto, un pastor feminizado quiere paz, paz a cualquier precio. Un par de llamadas telefónicas desagradables, una pocas quejas sobre su predicación y se siente como el tanque de agua que se drena al tirar de la cadena. A lo largo de los años he aconsejado a algunos pocos hombres deseosos de entrar al ministerio. Para mí, la prueba crucial de si son o no verdaderamente llamados por Dios es si pueden soportar el calor que las iglesias incluso más sanas generan de manera regular. El pastor, con razón o sin ella, con frecuencia es el foco de las críticas más descabelladas. Un HOMBRE piadoso puede hacer lo que es correcto, independientemente de lo que otros puedan pensar o decir. Un hombre feminizado se ve aplastado por la crítica, y se vuelve loco tratando de aplacar a todos.

Los hombres feminizados por nuestra cultura, se sienten rápidamente destruidos cuando son criticados y esto es porque “tratan de agradar” a todos y se preocupan mucho por lo que “sienten”.   

Tercero, los pastores feminizados predican cosas vanas. Predican esas cosas porque los estadounidenses modernos han sido seducidos por un Arminianismo sensual que apela a las emociones. Las mujeres tienden a encontrar al Arminianismo más emocionalmente atractivo que la “fría” precisión de la ortodoxia clásica Reformada. Y así, dado que los pastores “amanerados” quieren apelar a las mujeres, los miembros más influyentes y que se dejan oír, predican sermones con toda la nutrición espiritual de un bastoncito de dulce (¿recuerda toda aquella azúcar coloreada?). Sin embargo, algunos “hombres” se las arreglan para evitar el calor predicando sermones interesantes pero irrelevantes teniendo como meta mantener feliz a la gente. Es triste decirlo, pero abundan muchos ejemplos en los círculos Reformados donde la sana teología todavía es bastante necesaria. Los pastores predican sermones puramente teóricos enfocándose en asuntos doctrinales oscuros, que aunque ciertos, nunca se aplican de manera específica. Como ve, es la aplicación lo que es peligroso; es mucho, mucho más seguro mantener el asunto en el plano teórico. Si te vuelves práctico la gente podría en realidad ser retada a hacer algo. Y si no quieren hacer ese algo, bueno, entonces… ¡comienzan las llamadas telefónicas!

Debido a que los pastores feminizados buscan agradar a las personas, ellos no predican sermones doctrinales, sino que se enfocan en lo “dulce” y practico. Es común que se hable del “amor de Dios” y de cómo Dios me ama tanto que no puede vivir sin mí. Esto es puro narcicismo femenino.

 ¿Cómo resolvemos el problema? Tiene que comenzar con los esposos asumiendo su responsabilidad en el hogar. Y no podrán hacerlo, y no lo harán, a menos que tengan una cosmovisión Bíblica global que lo abarque todo. Es tarea del hombre tomar dominio, y por lo tanto, necesitamos hombres que puedan pensar y actuar bíblicamente. Pero, para ser un líder, tienes que saber hacia dónde estás yendo, y qué es necesario para llegar allí. Si no eres un hombre de la Palabra, entonces no serás el hombre de tu hogar.

La solución al problema de la feminización es comenzar a cumplir nuestro rol desde el hogar. Los hombres debemos ser quienes guiemos a nuestra familia con la palabra de Dios y que nuestra familia nos vea como referentes en esta área.

Segundo, los padres necesitan entrenar a sus hijos para el dominio. Esto requiere al menos pasar tiempo con los hijos y no dejar toda la crianza de los niños a la madre. Los hijos necesitan ver a un padre fuerte, que resuelva problemas, que asuma la responsabilidad y que dirija la familia. Los papás necesitan dirigir la adoración en familia, catequizar a los hijos, y trabajar con ellos en proyectos. Necesitan sacar sus glúteos máximus del sofá y comenzar a involucrarse con sus chicos. Si no eres un tigre en el hogar, entonces solo eres un tigre de papel en el mundo.

Los hombres debemos abandonar nuestra pasividad e involucrarnos totalmente en la crianza de nuestros hijos. La esposa y los hijos deben ver en el padre un hombre que provee la seguridad de su familia.

Tercero, lo que los chicos ven modelado en sus padres es lo que tendrán la tendencia a reproducir en sus propias vidas. Por lo tanto, Papá tiene que darse a la tarea de aprender como amar a su esposa, cuidar de ella, pero más importante, aprender a DIRIGIRLA. Si Mamá dirige el hogar, es mejor que crea que los hijos verán y seguirán el modelo. Las niñas pequeñas se convertirán en chicas grandes, creyendo que mandar al hombre es la cosa más normal y natural que se debe hacer. Y los chicos pequeños crecerán hasta convertirse en adolescentes permanentes, pensando que la vida tiene que ver con la irresponsabilidad y con jugar juegos en lugar de bregar con el dominio, el liderazgo y el servicio.

La esposa y los hijos van ver en su padre la referencia de hombre para el mundo. Si ven un hombre pasivo e irresponsable en la obra de Dios, no se puede esperar que ello sea activo y responsable. Al ser el cabeza de hogar ellos van a responder delante de Dios. 

El Cristianismo Bíblico no es ni masculino ni femenino; los abarca a ambos. Pero en la Iglesia, como en la familia, Dios ha llamado tanto a los hombres como a las mujeres a afirmarse mutuamente, aún cuando tengan papeles distintos. Y esos papeles requieren que los hombres sean hombres; que tomen una posición con firmeza, que hablen la verdad, que resuelvan problemas y que hagan una diferencia en el mundo para Cristo. Y si queremos hombres en la Iglesia, tenemos que tener hombres de verdad en el púlpito. Dejemos que los “hombres amanerados” se vayan a jugar con sus temas comunes, mientras los hombres se sientan para tomar alguna carne espiritual”

La respuesta es bastante clara al problema de la “feminización de la iglesia”. Necesitamos hombres que actúen conforme al rol que Dios les ha dado. Pero ¿Enseña la Biblia el liderazgo exclusivamente masculino? Lo veremos en la próxima clase.




[1] Un libro para estudiar más en detalle este tema es “Los feminismos a través de la historia, Ana de Miguel Álvarez”.
[2] http://portales.te.gob.mx/genero/sites/default/files/Feminismo%20aula%20casa_0.pdf
[3] https://blogs-es.thegospelcoalition.org/sugel-michelen/el-movimiento-feminista/
[4] https://blogs-es.thegospelcoalition.org/sugel-michelen/el-movimiento-feminista/
[5] La píldora roja, es un buen documental que muestra cuales han sido las consecuencias de este feminismo. https://www.youtube.com/watch?v=yJOlIm5_wGs
[6] http://dle.rae.es/srv/search?m=30&w=patriarcado
[7] Gerda Lerder. La creación del Patriarcado.
[8] La teología del Siglo XX. Roberto Gibellini. Página 445.
[9] https://reformadoreformandome.wordpress.com/2008/12/29/pastoras-ancianas-y-diaconisas-una-perspectiva-biblica/
[10] http://www.oikoumene.org/es
[11] http://theologicaxaveriana.javeriana.edu.co/UserFiles/Descarga/ediciones/140/Teologia%20de%20la%20mujer%20feminismo%20y%20genero%20-%20140.pdf
[12] https://www.sermonaudio.com/search.asp?speakeronly=true&currsection=sermonsspeaker&keyword=Brian_Abshire
[13] https://www.contra-mundum.org/castellano/abshire/Girlie_pulpit.pdf

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2 comentarios:

  1. Muy intenso el estudio. Necesito releerlo y mirarlo detalladamente, muy buena informacion y digna de considerar.

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